El día que partiste resignifiqué la tristeza
porque entendí que me acompañaría toda la vida.
El duelo es solo un medio fugaz
cuando te persigue todo lo que fuiste
al lado de alguien que ya no está.
Eso es morir muchas veces,
y me aterra despertarme cada vez
en mundos donde ya no te tengo.
Hoy no sé si le tengo miedo a la muerte,
pero sí a vaciarme el alma de alegrías huecas.
Perdí la esencia de mi felicidad terrenal
derrotada en la injusticia de nunca decir adiós del todo.
La vida también es muerte
porque en otros planos de consciencia,
al menos, no debo despedirme
de lo que amé.
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