Jamás me había interesado por ver la exhibición hasta que mis amigos insistieron en ir. Según las propagandas, el lugar se presenta como una capsula del tiempo con las maravillas y pesadillas del viejo mundo. Así que terminamos nuestro turno en el bar para luego tomar el ultimo horario del tren. Ya saliendo de la estación se activa la Geo Térmica, una pantalla que cubre toda la cúpula de la ciudad, y transmite el pronóstico de la próxima semana, y vuelve a su fase en reposo usando una fondo de peces koi nadando en un mar de estrellas. Llegamos a la entrada e hicimos la fila, en la espera observe que la infraestructura era similar a un sarcófago oscuro, sin carteles ni luces que dieran a entender que podría ser un museo. Un humanoide del tamaño de un placard nos pidió las entradas, chequeo nuestros datos en la Base Aura de la muñeca, un código de barras que nos imprimen al nacer, y traspasamos unas cortinas de terciopelo negras hasta dar con un largo pasillo de alfombra bordo e iluminado con arañas y hologramas. Las muestras se podían ver de ambos lados de aquel pasillo y presentaban diferentes épocas del desarrollo humano y de la Tierra: Un bloque de hielo del Perito Moreno, el ultimo jaguar del Amazonas, una colección de pasaportes y documentos muy maltratados por el paso del tiempo, el último libro impreso del 2030 y así sucesivamente con variados objetos ya obsoletos y criaturas extintas. Luego la sala se abría como una rotonda que representaba nuestro ciclo evolutivo: desde el primer cavernícola hasta el Homo Sapiens Sapiens, todos de sexo masculino y al final de aquel recorrido circular había una mampara vacía con una placa que rezaba "Homo Excelentus" y un holograma anunciaba que próximamente estaría disponible. Pero en el centro de aquel ciclo había un gran cubo oculta por unas cortinas oscuras y con otro holograma que marcaba una cuenta regresiva para develar el misterio. Faltaba un minuto y la muchedumbre fue en aumento, nosotros cuatro quedamos en el fondo para verlo de forma más panorámica. Uno se quiso hacer el gracioso y grito que era un dinosaurio vivo, pero otro lo mando a callar. Finalmente, el reloj quedo en cero y poco a poco bajaron la intensidad de las luces, reino el silencio. Al instante se acercó un hombre vestido de traje negro, anteojos oscuros, alto y con una cabellera de fuego que le llegaba hasta sus anchos hombros. Un reflector lo ilumino y el fulgor de su pelo de lava resalto aún más junto con su sonrisa de diamantes.
- Muy buenas noches, queridos hermanos. Mi nombre es Askael. Espero que mi humilde museo les sea de su agrado. Pero todos se deben estar preguntando que hay acá - dice mientras señala la cortina- y les puedo asegurar que es la mejor pieza de la colección. Caballeros, les presento a la última mujer homo sapiens sapiens. - termina el discurso mientras cambia el reloj de antes por un teclado de comandos y aprieta un gran boton rojo. La cortina se eleva rápidamente y deja expuesta una mampara con luces blancas en todos los bordes, y en el centro de la misma una persona desnuda y encadenada por las muñecas y tobillos, acostada en posición fetal. La cabellera castaña le cubre la cara y le abraza a la cintura. Todos quedamos tan sorprendidos que el silencio se volvió palpable.
- Despertate, corazón. Tenemos visitas. - dice Askael mientras acciona un par de controles en su holograma. Al instante las cadenas comienzan a accionar por los costados hasta obligarla a quedar en vertical y exhibiendo toda su desnudez al público, salvo la cara escondida entre la melena.
Nos piden hacer fila para entrar en su cubo y darnos la libertad de hacerle cualquier cosa. Mientras podía ver cómo iba subiendo el primero, ni se atrevía verla ni tocarla porque el miedo no le daba tregua, hasta que el segundo lo empujo para que salga y ser el siguiente, envalentonado se acercó, le manoseo bruscamente la cara y se fue, otro la obligo a abrir la boca, el que le siguió le arranco un par de mechones de pelo, otros la olfateaban, pero uno fue mas violento y descargo su furia tironeándole todo el pelo hasta dejarla la cara al descubierto, escupirle en la misma y después pegarle varias bofetadas. Cuando se cansó la dejo caer como un trapo de piso. La mujer lloraba en silencio mientras se tocaba la cara y las cadenas tintineaban con cada uno de sus pequeños movimientos. La mayoría se congrego alrededor de Askael para felicitarlo, charlar y después organizar para ir al bar que había en la otra sala, y de ahí fueron como una procesión hacia allá, mis compañeros también los siguieron porque no tenían ganas de entrar a la muestra y simplemente se interesaron por la bebida. A nadie le importo que yo me hubiera quedado solo con ella, así que me tome mi tiempo para verla de lejos. Lo único que se me hacía intolerable era escucharla llorar, así que me acerque lentamente y apoye las rodillas al piso para sentarme. Saco el pañuelo de la chaqueta y se lo ofrezco, ella me mira sin entender. Le hago el gesto de que se lo lleve a los ojos para secarse las lágrimas, temblorosa lo acepta y se seca la cara. Sigue sin mirarme cuando dobla el pañuelo y me lo devuelve.
- ¿Sabes hablar? - le pregunto. Ella asiente con la cabeza. - ¿Como te llamas?
La mujer levanta la mirada y responde:
- Verónica - su voz es áspera, al borde de la afonía.
- ¿De dónde venís, Verónica? - la curiosidad me carcome.
- No, no sé nada más. - al final se le quiebra la voz.
- ¿No sabes o él no te deja decir nada? - insisto y sé que estoy metiendo el dedo en la llaga, pero no me sorprendo cuando recibo una bofetada como respuesta.
- Te dije que no. ¡Basta! - grita mientras se agarra la cara y los pelos caen como una cortina delante mío.
- Discúlpame- respondo mientras me froto la mejilla. Desearía que la situacion fuera distinta. De repente siento que quizás podría hacer algo para revertirlo y tomo las cadenas, buscando aristas entre los eslabones, reviso los grilletes, pero no hay suerte. Todo era nuevo y pesado.
- Ya lo intenté mil veces - dice Verónica. Me acerco y le acaricio la mejilla, ella no se aparta. Toma con ambas manos la mía y se aferra con fuerza. Con mi otra mano libre toco su pelo y me sorprendo de lo suave que es. Ella intenta acercarse un poco más, pero las cadenas no le dan mucha libertad de movimiento. La ayudo a sentarse sobre mis rodillas y la abrazo con fuerza, noto como ella intenta aguantar otro sollozo en mi cuello hasta que su respiración se normaliza. Vuelvo a mirarla y ella me toca los labios, y le beso la punta de sus dedos. Su mano pasa por mi nuca para luego atraerme hacia su boca. Rodeo su cintura y siento los pechos fríos y desnudos sobre la camisa, Verónica pasa los brazos por detrás de mi cabeza y me aprieta para profundizar el beso.
El momento de pasión dura poco ante el grito de Askael y la fila de guardias de seguridad que forman en los costados de la exhibición y otros que van entrando en tropel hasta donde estamos nosotros. Verónica vuelve a sollozar, pero entre gritos de no.
- ¿Quién te crees que sos? Esto no es un teatro, es un museo de alta categoría- Askael furioso chasquea los dedos y dos guardias me sostienen por los brazos y un tercero saca un taser. - Pero ya te vas a dar cuenta de eso- concluye Askael y rápidamente siento las sacudidas del alto voltaje hasta quedar inconsciente.
Una fuerte luz blanca me obliga a abrir los ojos, intento mover las piernas, pero las noto pesadas y solamente logro apoyarme contra una pared. Luego miro hacia arriba y veo un holograma dorado brillante que dice "Nuevo". Con un miedo punzante me doy cuenta de que me encerraron en la mampara del Homo Excellentus. De forma diagonal, veo a Verónica mirándome mientras llora y yo sin poder escucharla.
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C. R. Gotta
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