Trágame con tu boca enorme
Y pretendamos que el mundo no se está acabando bajo la asfixia del letargo
que se deshace con el terrible peso del shalal de los vencedores
Tócame como a un amante nervioso
Impreciso y desatado
Deseando darle sentido al furor que se transforma
Cómo si fuese el retrato del Dorian Gray de toda la vida: tan ajado y tan olvidado en una pared desnuda
Tan dulce y tan perverso
En blanco y negro
Sin siquiera asomarse a la gama de los grises
Y de paso tócame la vida
Aférrate al deseo que será correspondido y retorname la emoción de perseverar
De querer languidecer bajo la tutela de mis besos
Pretendo arropar las asperezas que solo tu risa puede limpiar
Querer renacer y permanecer es una actitud vital
Pero con solo un beso la retórica dejará de ser una sentencia ordinaria
Quiero sentir algo
Algo que no sea el miedo al fin del mundo
Al destino manifiesto
A lo que aún está por escribirse
Quiero perderme en ese algo
Algo que conmocione cada estatua romana en el Museo Vaticano o el sagrado altar del despropósito visual en los tiempos posmodernos de la estupidez humana.

Yom Hernández
Aquí un licenciado en Historia, loco por la literatura que lee y escribe pertinazmente. Padre de tres libros publicados por Ed Atlantis, Ed Adarve, Ed Cuadranta.
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