El domingo respira despacio.
Como si el aire también dudara de seguir.
A veces lo escucho,
allí, en la taza fría de café,
en la camisa que cuelga esperando una forma de cuerpo,
como si el día no supiera en qué piel quedarse.
He aprendido a sostener lo que no amo.
A darle pan al deber,
a vestir el día aunque por dentro no quede abrigo.
Y es que hay que seguir —me digo—,
aunque nada de esto tenga sentido,
aunque el alma se sienta hecha de polvo y horarios.
La luz entra torcida por la ventana,
demasiado clara para mis pensamientos.
El reloj suena, no como un reloj,
sino como un recordatorio,
de que mañana vuelve el ruido,
los pasillos llenos de voces que no dicen nada,
los mismos saludos automáticos,
la vida continuando,
como si yo también lo hiciera.
No tengo resto para la incertidumbre.
Ni fuerzas para inventar otro comienzo.
Caminar es arrastrar el cuerpo de un día a otro,
con la torpeza de quien intenta seguir respirando
porque no sabe qué más hacer.
Y, sin embargo, sigo.
Porque algo —no sé qué—
debe sostenerse:
la mirada, el gesto,
ese movimiento mecánico de abrir la puerta el lunes
y fingir que amanezco.

Giovanni Battista Manassero
Escribo para encontrar lo extraordinario en lo cotidiano, entre el absurdo, la nostalgia y el mate bien amargo.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión