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La sombra de 9 de Julio

Nar

Aug 3, 2024

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La sombra de 9 de Julio
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El reloj marcaba la medianoche cuando Clara decidió caminar de regreso a su departamento. El aire de Buenos Aires estaba impregnado con la fragancia de la lluvia reciente, y el reflejo de las luces de la ciudad brillaba en los charcos dispersos por las calles. El Obelisco, imponente y solitario, se erigía en el corazón de la ciudad, su sombra proyectándose sobre la avenida 9 de Julio.

Clara, una joven periodista, acababa de salir de una reunión tardía en una redacción cercana. Los pocos transeúntes que aún quedaban se movían con prisa, susurrando conversaciones apagadas que se desvanecían en la vastedad de la noche. Mientras avanzaba, un extraño sentimiento de inquietud empezó a invadirla. Las luces de los semáforos titilaban, creando un ambiente surrealista que solo acentuaba su desasosiego.

Caminó por la calle Corrientes, sintiendo la brisa fresca en su rostro. A lo lejos, el Obelisco parecía observarla, un guardián eterno de secretos oscuros. Clara no podía sacudirse la sensación de ser observada, aunque cuando miraba a su alrededor, no veía a nadie más que las sombras danzantes y los edificios silentes.

De repente, escuchó un susurro. Se giró rápidamente, pero no había nadie. Aceleró el paso, el corazón palpitándole con fuerza. Cada esquina que doblaba parecía llevarla más profundamente en un laberinto de sombras y ecos. La ciudad, normalmente bulliciosa y vivaz, ahora parecía un escenario de pesadilla.

Cuando llegó a la plaza del Obelisco, una extraña figura captó su atención. Un hombre de aspecto desaliñado, con un sombrero raído que le ocultaba el rostro, se encontraba parado en el centro de la plaza, inmóvil como una estatua. Clara sintió una punzada de miedo, pero no podía desviar la mirada. El hombre, como si sintiera su presencia, levantó lentamente la cabeza, revelando unos ojos vacíos y una sonrisa espeluznante.

Clara retrocedió, tropezando con el borde de la acera y cayendo al suelo. El hombre comenzó a caminar hacia ella, sus pasos resonando en la noche silenciosa. Desesperada, Clara se levantó y corrió, el pánico dándole alas. Sus pisadas resonaban en las calles vacías, mezclándose con el eco de los pasos del extraño que la seguía.

Se desvió por una calle lateral, esperando perder al hombre en el laberinto de calles estrechas. Sin embargo, cada vez que miraba hacia atrás, ahí estaba, más cerca, como si se deslizara entre las sombras. Clara se detuvo un momento para recuperar el aliento, y fue entonces cuando lo escuchó de nuevo: el susurro.

Esta vez, las palabras eran claras: "Nunca escaparás". Clara sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Reanudó su carrera, pero ahora las calles parecían distorsionarse a su alrededor. Las luces de los faroles parpadeaban, y las sombras se alargaban y retorcían, creando figuras grotescas que la acechaban.

Finalmente, llegó a su edificio, jadeando y con el corazón a punto de estallar. Abrió la puerta de entrada con manos temblorosas y se apresuró a subir las escaleras. Cuando llegó a su apartamento, cerró la puerta con fuerza y se apoyó contra ella, tratando de calmarse.

El silencio en su hogar debería haber sido reconfortante, pero en cambio, era opresivo. Clara se dirigió a la ventana y miró hacia la calle. El hombre del sombrero estaba allí, parado frente a su edificio, mirándola fijamente. La sonrisa en su rostro se ensanchó, y Clara sintió que el aire se volvía más pesado.

De repente, las luces de su apartamento se apagaron. Clara contuvo la respiración, paralizada por el miedo. Unos pasos lentos y pesados resonaron en el pasillo. La puerta de su apartamento crujió, y una figura oscura se delineó en la penumbra.

"Nunca escaparás", susurró una voz gutural.

Clara cerró los ojos, sintiendo que la oscuridad la envolvía, llevándola a un abismo de terror del que quizás nunca despertaría.

Nar

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