Tus "te amo" pesaban menos que tu ausencia
Qué extraño es descubrir que quien juró cuidarte
fue quien más veces te hizo sentir sola.
Qué extraño es darte cuenta
de que la persona que prometiĂł ser tu refugio
terminó convirtiéndose en la tormenta
que más lágrimas te arrancó.
Y lo más triste de esta historia
no es todo el daño que me has hecho.
Lo más triste
es que todavĂa sigues aquĂ.
Sigues viviendo en mis pensamientos,
en mis desvelos,
en cada canciĂłn que me recuerda a nosotros,
en cada rincón donde imaginé un futuro que nunca llegó.
Porque me duele dejarte.
Me duele aceptar que tal vez todo este tiempo
he estado amando a una versiĂłn de ti
que solo existĂa dentro de mi cabeza.
Me duele reconocer
que me aferré con todas mis fuerzas
a alguien que nunca se aferrĂł a mĂ de la misma manera.
Pero claro,
me acostumbré a esperar lo que nunca pensabas dar.
Tu tiempo.
Tus ganas.
Tu interés.
Tu presencia.
Me acostumbré a conformarme con migajas
mientras fingĂa que eran banquetes.
A celebrar pequeños momentos
porque eran lo Ăşnico que recibĂa de ti.
A sentirme afortunada
por recibir un poco de atenciĂłn
cuando lo que realmente merecĂa
era amor completo.
Nunca habĂa tiempo para mĂ.
Siempre existĂa algo más urgente.
Algo más importante.
Algo que ocupaba el lugar que yo deseaba tener.
Y yo sonreĂa.
Yo decĂa que te entendĂa.
Yo decĂa que estaba bien.
Porque el amor tiene una forma cruel
de enseñarte a disfrazar tus heridas.
Y mientras más me dolĂa,
más intentaba convencerme
de que todo era normal.
Porque admitir que me estabas lastimando
significaba aceptar que quizás no me querĂas
como yo te querĂa a ti.
Y esa verdad me aterraba.
Porque mientras yo contaba los minutos para hablar contigo,
tĂş parecĂas no notar cuando pasaban dĂas
sin demostrarme que te importaba.
Mientras yo buscaba cualquier excusa para verte,
tĂş parecĂas encontrar cualquier excusa para no hacerlo.
Mientras yo aprendĂa cada detalle de ti,
tĂş olvidabas cosas que para mĂ eran importantes.
Y aun asĂ,
seguà quedándome.
Porque el corazĂłn es terco.
Porque el amor a veces se convierte en una prisiĂłn
de la que uno mismo no sabe escapar.
Porque una parte de mĂ seguĂa creyendo
que algĂşn dĂa despertarĂas
y me amarĂas de la manera en que yo siempre te amĂ©.
Pero el tiempo pasĂł.
Y con él llegaron las dudas.
Las noches llorando en silencio.
Las preguntas que nunca tuvieron respuesta.
Las veces que tuve que fingir que estaba bien
cuando por dentro me estaba rompiendo.
Y fue entonces cuando aprendĂ a leer tu indiferencia
mejor que tus palabras.
Porque las palabras son fáciles.
Cualquiera puede decir "te amo".
Cualquiera puede prometer quedarse.
Cualquiera puede jurar que jamás te hará daño.
Lo difĂcil
es demostrarlo.
Lo difĂcil
es elegir a alguien todos los dĂas.
Lo difĂcil
es hacer sentir amado a quien dices amar.
Y tĂş nunca entendiste eso.
O quizás sà lo entendiste,
pero nunca te importĂł lo suficiente.
TodavĂa recuerdo todas las veces
que me sentĂ sola estando contigo.
Y no existe soledad más dolorosa que esa.
Porque cuando estás sola de verdad,
al menos sabes que no hay nadie a tu lado.
Pero cuando tienes a alguien cerca
y aun asĂ te sientes abandonada,
el vacĂo duele el doble.
Duele mirarte y no encontrarte.
Duele hablarte y sentir que no me escuchas.
Duele abrazarte y seguir sintiendo frĂo.
Duele amarte
y sentir que ese amor rebota contra una pared.
A veces me pregunto
si alguna vez notaste cuánto lloré por ti.
Cuántas veces tuve que morderme los labios
para no decirte todo lo que me dolĂa.
Cuántas veces me acosté con el corazón roto
esperando un mensaje tuyo que nunca llegĂł.
Cuántas veces me culpé a mà misma
por errores que nunca fueron mĂos.
Y es que cuando amas demasiado,
terminas creyendo que cualquier problema
es culpa tuya.
Te conviertes en juez de tus propias heridas.
Y comienzas a pensar que si duele tanto,
debe ser porque no estás haciendo suficiente.
Pero ahora entiendo algo.
No era falta de amor de mi parte.
Era falta de amor de la tuya.
Porque yo di todo lo que tenĂa.
Te entreguĂ© mis dĂas felices,
mis inseguridades,
mis sueños,
mis miedos,
mis ganas de quedarme.
Y aun asĂ no fue suficiente.
Porque nunca podrás llenar
el vacĂo de alguien que no quiere ser llenado.
Quizás algĂşn dĂa les cuente nuestra historia a mis amigas.
Y cuando termine,
ellas me dirán algo que siempre me negué a escuchar:
"El amor no duele.
Duele insistir donde no te eligen."
Y tendrán razón.
Porque el amor verdadero no te hace sentir invisible.
No te obliga a mendigar atenciĂłn.
No te hace preguntarte cada noche
si todavĂa le importas a la persona que amas.
El amor verdadero te abraza,
te cuida,
te escucha,
te hace sentir hogar.
Y yo pasé demasiado tiempo
intentando construir un hogar
en un lugar donde nunca fui bienvenida.
Aun asĂ,
hay una parte de mĂ que sigue aquĂ.
Esperando.
Esperando que cambies.
Esperando que abras las puertas de tu corazĂłn.
Esperando encontrar aquella chispa
que alguna vez creĂ ver en tus ojos.
Pero cada dĂa que pasa
esa esperanza pesa más que la realidad.
Y la realidad es simple.
La realidad es dolorosa.
La realidad es que tus acciones
siempre gritaron más fuerte que tus palabras.
Y por más que intenté ignorarlo,
por más que quise creer en nosotros,
por más que luché por mantenernos vivos,
comprendĂ que tus "te amo"
pesaban menos
que tu ausencia.
Paola.z

Paola z0
Entre tinta y emociones, convierto cicatrices en poesĂa. Bienvenido a un rincĂłn donde los sentimientos se vuelven versos.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavĂa, sĂ© el primero!
Debes iniciar sesiĂłn para comentar
Iniciar sesiĂłn