Las estrellas son pequeñas voces
ardiendo en la hondura del cielo.
Titilan como dudas
que Dios olvidĂł apagar.
Son hermosas, sĂ
como promesas lejanas,
como ojos que observan
sin atreverse a descender.
Pero la Luna
â ah, la Luna â
no titubea.
Ella â pĂĄlida soberana â
no suplica atenciĂłn
âla impone â
Mientras las estrellas
susurran.
Ella guarda silencio
y en su silencio
reina.
ÂżPodrĂĄn superarla?
Tal vez, en nĂșmero
nunca en soledad
Porque la multitud brillac
pero sĂłlo lo Ășnico
es eterno.

J. Felix
Mis versos nacen de la melancolĂa; me deleito en la tragedia y la lĂrica, donde el dolor se vuelve belleza y la tristeza se viste de palabras.
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