Cuando todos se habían ido y la casona volvía a ser ese viejo un lugar viejo, frío, cerrado y asfixiante para Dolores, . cuando las velas de más fueron siendo apagadas una a una, por María, y, .cuando solo la mesa del comedor quedó tenuemente iluminada, .entonces, y sólo entonces, su padre emitió palabra:
—Ya tengo todo arreglado —Dolores esperaba estaba esperando una respuesta a su extraño y silencioso comportamiento desde la tertulia no solo en la tertulia, sino en toda la semana. Ya había transcurrido una semana.
Si hubiera sabido lo que venía, hubiera preferido la muerte. La miró a los ojos:
—Te vas a casar con Luis, .mañana al anochecer.
Su madre pareció no reaccionar, María cerró fuerte los ojos para esconder lo que ocultó, y Dolores se sintió desmayar.
¿Casarse? ¿Eella? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Mañana?
—La victoria de Luis parece inevitable;, es carismático y la gente busca algo nuevo… pero, no podrán gobernar sin el apoyo de nuestros seguidores: . Si Doloressi Dolores se casa con Luis, nuestra familia seguirá en el poder y todos los habitantes del pueblo estarán contentos, ¡Así de simple! —Santiago sonreía como si hubiera resuelto una complicada ecuación matemática, siendo en la que Dolores simplemente era otro número.
La cara de Dolores lo decía todo.
¿Aquí se terminaba todo?, ¿así nomás?
¿Siempre había sido este el resultado y ella fue muy demasiado idealista como para verlo venir?
Siempre creyó que, al estar tan ocupados con las carreras de sus hermanos, se olvidarían de casarla,. pero ahora todo se derrumbaba a su alrededor. Sus sueños se volvían cristales rotos y desperdigados donde un reflejo suyo la confrontaba y atormentaba. Su madre intentó calmarla:
—Tu padre piensa en lo que es mejor para la familia, y eso te incluye a vos. ¡Vas a ser esposa de un gobernador! Vas a estar bien cuidada, . Casarte es simplemente… volverte mujer.
—¡Ja! —intercedió el padre— Más vale,: ya escuche ese estúpido rumor, h.ay que probarles que es una mujer hecha y derecha.
—Sí, una hermosa mujer… —Acarició la cabeza de su hija como quien acaricia a un perrito lastimado, como quién siente pena, pero no exactamente amor. Como la Una caricia de alguien que no sabe amar.
—Ahora vámonos todos a dormir.: mañana será un día importante.
Mientras su padre apagaba las únicas velas restantes con su dedo, ;a Dolores le pareció sentir que esas llamas eran suyas, que estaban en su alma, y que eran aquellas llamas las que estaban siendo apagadas por la potestad de la mano de su padre.
Su madre susurró algo antes de retirarse a la alcoba matrimonial, algo que tal vez Dolores escuchó, (o no), no quedó claro si Dolores lo escuchó o no, pero que seguramente lamentó de todas formas lo hubiera lamentado:
“Feliz cumpleaños”.
***
Al retirarse Dolores a su cuarto, María la siguió. La miró con los ojos llenos de lágrimas culposas y, ya no pudo seguir ocultando ocultar su pecado.
—Ay, no, María. No me digas que sabías… ¡Vos no! —La voz de Dolores se le perdió entre sollozos tras sollozo que le quebraban el cuerpo.
—¡Perdóname!, ¡perdóname mi Loles! ¡Se lo escuché al señor y sabía que era algo que no se podría cambiar! ¡No quería ser yo quien te diera la noticia!
Dolores no aceptaba lógica alguna y seguía con el ánimo alterado, balbuceando. Balbuceaba: “¿Por qué no me dijiste?, ¿por qué no me dijiste?”.
María lloraba también y tomaba a Dolores en su brazos.
—¡Hay cosas que nos gustarían que fueran diferentes, pero que por más que queramos, no se pueden cambiar! El mundo es injusto. ¡Si lo sabré yo! Pero ahora tenes que ser fuerte y arreglártelas como puedas, mi Loles!
—No entendés… ¡No entendés nada! —Su apodo infantil solo parecía enfurecerla la enfureció más: ser tratada como a una niña, como a una niña ingenua que no tuvo y nunca tendría control sobre su vida. Sus lágrimas parecían hervir y evaporarse junto a con su sangre, y con esa calentura fue que echó a María de su cuarto, . sin estar dispuesta al perdón no estaba dispuesta a perdonarla. Por unos minutos se siguieron escuchando disculpas vehementes y arrepentidas del otro lado de la puerta, hasta que ya no se escucharon más hubo silencio. Y Dolores enloqueció.
Primero empezó como un calor, como la llama que se encandila antes de finalmente extinguirse morir. Sentía tanto calor que abrió su ventana, pero ni una gota de el aire no parecía aliviarla. Ni siquiera la luz no entraba al cuarto,. La luna había desaparecido.
Luego el calor se concentró en su estómago: cayó al piso como afiebrada, con ganas de vomitar. Empezó a resquebrajar su vestido hasta que el ardor que sentía se trasladó a sus dedos, y .el ardor se convirtió en picor. Un picor insoportable que la obligó a rascarse, a rascar sus dedos f,uriosamente, violentamente, como desquitándose de todo lo que sucedía a su alrededor. Se rascó furiosamente Hasta que sintió algo romperse. Pensó que tal vez se había arrancado un hilito de cutícula, pero al mirar sus manos tuvo que reprimir un grito de horror: la piel de su dedo estaba dada vuelta, en carne viva palpitante, dejando relucir, en su lugar, un cuero alquitranado.
Luego del horror, entró como en un trance de placer, de alivio (pues el picor había desaparecido) y empezó a rascarse más. Más, más y más., hasta haber dado vuelta cada centímetro de piel que su cuerpo contenía. Y luego, cuando solo el cuero quedaba sobre su cuerpo, se sintió estirarse. Su nariz se estiraba frente a sus ojos mientras se ensanchaba y cambiaba. Y sus dientes, horriblemente, parecían hacer lo mismo igual.
Dolores Se sintió débil y cayó al piso de su habitación en cuatro patas, jadeando cada vez más fuerte. Ahora, sus dedos se unían y se daban nueva forma como si de arcilla se tratase, y nuevas uñas le brotaban de allí.
Sus piernas cambiaban, y junto con ellas su espalda: ésta se arqueaba ferozmente y el hueso en donde terminaba su espina dorsal parecía crecer, crecer sin precedentes.
Dolores, en su éxtasis, pudo sentir la ruptura del un hueso que crecía por fuera de su cuerpo, y que se cubría del mismo cuero alquitranado.
Pelo empezó a brotar en áreas aleatorias de sus piernas, sus y brazos, como si de un perro sarnoso se tratase. Pero Dolores ya no sentía necesidad de rascarse. Su dolor seguía allí, sus emociones seguían igual, seguía siendo consciente de su vida. Pero ahora se sentía diferente. Se sentía salvajemente poderosa. Y así, en
unos momentos nada más, ya no había una niña envuelta en sollozos en el medio de ese cuarto, sino una criatura jadeante, . Era semejante a un perro deforme, pero con el tamaño de un lobo, con una piel de alquitrán.
***
Mientras tanto, en un pasillo de la casa, la madre de Dolores estaba despierta. Pensó en escabullirse a… ¿Consolar? a su hija?. Pero, ¿qué debería hacer? No sabía qué hacer. No recuerda recordaba que su padre le hubiera haya dicho nada destacable cuando la casaron con Santiago, casi a la misma edad que su hija. ¿Qué hace una madre con una hija? ¿Cómo ama alguien una persona que nunca fue amadaamado?
Llegó hasta a la puerta del cuarto de su hija, pero unos extraños sonidos le pusieron los pelos de punta y la congelaron en el su lugar. Sonaban como jadeos, y gruñidos… Se preocupó de que tal vez un animal salvaje haya entrado al cuarto por la ventana, así que tomó un cuchillo de la cocina y abrió la puerta. A sus ojos les costó adaptarse a la oscuridad: .no había traído velas. Buscó primero a Dolores, sin encontrarla,. hasta que sus ojos dieron con el origen de los sonidos: un pavor la hizo temblar de pies a cabeza. Eso, esa masa deforme que simulaba ser algo, no era ningún animal salvaje que ella conociera. Su piel desprendía un olor fétido y brillaba como si estuviera cubierta de grasa. Sus patas se paraban con dificultad, y daban la apariencia de estar chuecas. Sus colmillos amarillos apuntaban a ella, y. le parecio haber encontrado al mismísimo demonio en forma animal.
Automáticamente se persignó. y estaba a punto de gritar, cuando de repente la monstruosa criatura levantó lo que parecía ser su cabeza y la miró. a los ojos. Y, ahí fue, que la madre descubrió, con horror, que sus ojos tampoco eran los de un animal. Eran de humano. Inquietantemente humanos., con las pupilas diminutas y las venas resaltantes. Eran los ojos ámbar de su hija. Eran los ojos de Dolores. Y se dio cuenta de que la había encontrado.
La criatura emitió un segundo sonido, esta vez más fuerte, parecido a un alarido, y pretendió abalanzarse sobre su madre. Al ver a la criatura a los ojos llegó a una revelación, y recordó algo que se decía en el pueblo para estos casos. Empuño el cuchillo al revés y, con toda la fuerza posible, apuntó a lo que podía distinguir como la nuca de la criatura.Esta Quedó aturdida en suelo, y la madre aprovechó para salir rápidamente del cuarto y cerrar la puerta., poniendo Una vez fuera, puso una silla bajo el picaporte, con la esperanza de que la puerta aguantara toda la noche cerrada., pues como recordaba:
“El Luisón vuelve a la normalidad por la mañana”
Le salían lágrimas de pavor, y . empezó a pensar. Pensó en su madre loca, la que la había abandonado apenas nació, la madre que tendría la misma edad que Dolores cuando sucedió. Pensó en sus seis tíos maternos, y no quiso pensar más.
Prefirió enfocarse en el dolor que recién había comenzado a sentir sentía: se había cortado por accidente al usar el cuchillo al revés.
Prefirió dormir su mente, y enfocarse en la sangre que goteaba en su lugar, mientras se repetía a sí misma:
“Mañana será un día importante”
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión