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La sangre real

Lina

Jul 19, 2026

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La sangre real
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Cuentan los ancianos que una vez existió una bruja que sacrificaba doncellas en un ritual de luna llena. No por devoción ni por locura, sino por algo mucho más trivial: mantener su juventud, y con ella, su poder.

Un día, en el mercado de un pueblo fronterizo, encontró a la muchacha ideal. Una joven que miraba el horizonte con el anhelo de quien sabe que pertenece a otro lugar. La bruja se acercó y le ofreció lo que toda alma encadenada desea: libertad y una vida nueva. La joven aceptó.

Lo que la bruja ignoraba era que aquella muchacha era la primogénita del rey, su única hija mujer, y que su sangre cargaba una maldición antigua. Un espía real que la seguía desde que abandonó el castillo fue directo a su señor. El rey cerró las fronteras y declaró estado de sitio.

Esa noche el ritual se completó. Pero algo estaba mal. La magia de la bruja se sentía diferente, ajena, como si algo en ella hubiera mutado sin pedirle permiso.

Con el ejército del rey pisándole los talones, emprendió camino hacia un pueblo lejano donde residía su antigua maestra de artes oscuras. Para evitar ser capturada debió internarse en los bosques, donde criaturas que ningún grimorio describía del todo bien acechaban entre los árboles.

Al llegar encontró a su maestra. Se refugiaron en una taberna y buscaron respuestas entre todo lo que sabían. No llegó ninguna. Fue entonces cuando la maestra habló de un lugar que no se había visto en siglos: una biblioteca perdida que guardaba los secretos de la magia oscura terrenal. Partieron juntas.

El camino fue largo. Pero finalmente la encontraron, y buscaron durante horas entre grimorios y pergaminos sellados hasta dar con lo que necesitaban: la maldición de la sangre real tenía respuesta. La solución, sin embargo, exigiría tiempo que no tenían, porque afuera de la biblioteca un ejército aguardaba en silencio.

¿Cómo habían llegado hasta allí? La maestra había delatado a su alumna. El precio acordado: poder y riquezas. Exactamente lo mismo que la bruja habría pedido.

El destino parecía sellado. Encadenada en una celda fría, sin más opciones, escuchó pasos acercarse. Era la reina.

Con voz baja y firme, le explicó la verdad que llevaba años callando: el rey había sellado un pacto con una entidad oscura a cambio de poder, y como parte de ese trato había maldecido a su propia hija, otorgándole poderes sobrenaturales para usarla como arma cuando llegara el momento. Luego le devolvió el códice confiscado y abrió la celda.

La bruja derrotó al rey. Pero al hacerlo absorbió el pacto que él había firmado, y ahora cargaba con el mismo poder corrompido que acababa de destruirlo. La reina no tardó en decirle lo que eso significaba: la única forma de romper el ciclo era devolver la maldición a su fuente. No al rey —el rey era apenas la marioneta. A la entidad que lo había comprado.


Lina

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