mobile isologo
buscar...

La réplica

May 11, 2026

40
La réplica
Empieza a escribir gratis en quaderno

Nadie conoce esta versión de mí,
la que siempre camina unos pasos adelante,
como si hubiese nacido antes que yo
y llevara años aprendiendo a existir sin miedo.

No respira.
No duda.
No se equivoca.

Se mueve con la precisión de algo ensayado demasiadas veces.
Nunca tartamudea.
Nunca mira hacia atrás.
Nunca deja ver el temblor que precede a toda caída.

Fue construida lentamente,
con restos de expectativas ajenas,
con elogios que todavía sobreviven en mi memoria
como habitaciones donde alguna vez me sentí querida,
con la necesidad insoportable de demostrar
que podía convertirme
en alguien digna de ser admirada,
amada,
elegida.

A veces pienso que no nació de mí,
sino del miedo.

Del miedo a decepcionar.
Del miedo a ser demasiado.
O peor:
no ser suficiente para nadie.

Esa versión sabe exactamente qué decir.
Toma las decisiones correctas.
Aprovecha cada oportunidad antes de que desaparezca.
No se quiebra frente al fracaso.
No pasa noches enteras
reconstruyendo conversaciones en la cabeza
como si pudiera corregir el pasado pensando lo suficiente.

Yo, en cambio,
la sigo desde lejos,
arrastrando mis vacilaciones
como un vestido demasiado pesado para este cuerpo.

Toda mi vida intenté alcanzarla.

Corregir cada gesto.
Pulir cada palabra.
Disimular cualquier imperfección
antes de que alguien pudiera verla
y confirmar aquello que siempre sospeché en silencio:
que quizá no había nada verdaderamente valioso en mí
más allá de lo que lograba hacer bien.

Porque el perfeccionismo nunca fue amor por la excelencia.

Fue terror.

Una forma adecuada de esconder el miedo.
Una manera silenciosa de postergar el momento
en que una debe enfrentarse
a su propia fragilidad
sin premios,
sin aplausos,
sin nada que justifique su existencia.

Mientras todo permanezca en proyecto,
todavía existe la ilusión
de que algún día
la vida podría salir perfecta.

Que la versión definitiva de una misma
todavía está por llegar.

Pero la vida no espera a que una esté lista.

Empieza igual.

Empieza mientras dudás.
Mientras corregís.
Mientras volvés a empezar por cuarta vez algo
que ya estaba terminado.

Y un día descubrís
que pasaste años enteros preparándote para vivir,
como quien acomoda una mesa
para invitados que nunca llegan.

Entonces entendés algo terrible:

el miedo no siempre te inmoviliza.
A veces te vuelve funcional.
Productiva.
Correcta.

Te convierte en alguien capaz de sobrevivir
sin estar realmente presente en su propia vida.

Lo peor no es saber qué debería cambiar.
Lo peor es sentir el vértigo
de apartarte voluntariamente
del camino que otros celebraron para vos.

Porque tomar una decisión propia
también implica aceptar
que quizá decepciones a alguien.

Y hay personas que aprendieron tan temprano
a medir su valor a través de la mirada ajena,
que terminan confundiendo amor con aprobación.

Entonces una empieza a encogerse.

A elegir versiones tolerables de sí misma.
A limarse las partes incómodas.
A suavizar sus deseos hasta que ya no incomoden a nadie.

Y con el tiempo,
la máscara deja de sentirse falsa.

Se vuelve rutina.
Lenguaje.
Identidad.

Decís lo correcto.
Mostrás la imagen correcta.
Sostenés una personalidad tan cuidadosamente construida
que ya no sabés
qué parte de ella nació realmente de vos
y cuál fue creada
para sobrevivir al abandono.

Entonces aparece una pregunta
que ninguna apariencia consigue callar:

¿cómo puede alguien temer perderse
cuando hace años
que ya no sabe dónde está?

Tal vez ese sea el cansancio más profundo.

No el de sufrir.
Sino el de sostener constantemente
una versión de una misma
que nunca descansa.

Comprender que la vida ya empezó.
Que no existe ensayo.
Que el telón permanece abierto
aunque una siga escondida detrás del escenario,
esperando convertirse en alguien
antes de permitirse existir.

Y aun así, continuar.

Con la réplica caminando delante.
Con el fracaso respirando en la nuca.
Con la sospecha constante
de no estar nunca verdaderamente a la altura.

Pero también,
muy en el fondo,
con una esperanza mínima y persistente

de que tal vez un día
dejes de perseguir
a la versión perfecta de vos misma.

Y puedas, por fin,
mirar a la persona real que quedó atrás,
agotada de correr,
y entender
que nunca necesitó convertirse en otra cosa
para merecer quedarse.

inherdiary

Si te gustó este post, considera invitarle un cafecito al escritor

Comprar un cafecito

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión