Me cansé de pedir perdón por estar rota.
Esta vez la noche no me consuela, me traga, me consume.
Se siente como un hueco en el pecho que nunca deja de estar.
Ellos querían que me quedara callada, pura.
Pero el asco se me volvió rabia. Y la rabia se volvió hambre.
Ahora si me acerco a vos no es para que me abraces,
es para arrancarte algo.
Quiero probar tu sangre a ver si también te duele existir.
Quiero morderte el cuello hasta sacarme de la boca este sabor a nada.
No soy una nena triste en la
oscuridad.
Soy un monstruo que ya no tiene miedo.
Tiene sed.
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