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La Purga terapéutica

May 3, 2024

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La Purga terapéutica
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Nací en una familia de clase media en el verano de 1990. Desde muy chico me llevaban a veranear a Mar del Plata. Tenía unos 5 años cuando mi abuela Celina me enseñó que para meterme al mar tenía que buscar un punto de referencia en tierra. Una sombrilla, un cartel, una carpa, el edificio de una reconocida marca de alfajores.

Si no conocés las playas de Mar del Plata tengo que contarte que están divididas por pasarelas de roca llamadas escolleras. Están ahí para controlar la erosión costera y crear zonas de agua protegida para usos diversos. Mi abuela me decía que el mar es peligroso:

"No te das cuenta, pero de a poco la marea te va llevando adonde no hacés pie o contra las rocas y te podés lastimar".

De esto hago un paralelismo con la vida real: la marea es la vorágine, la manada, la rutina, el "piloto automático", como quieras llamarlo. La rutina te va llevando y muchas veces se vuelve más hostil. Aparecen olas más altas y violentas que superar.

A mis 8 años, un día en clase de natación, la profesora nos dijo que nos íbamos a tirar del borde en la parte más profunda de la pileta. Mi sensación al entrar por primera vez en la profundidad fue de modo supervivencia. Sólo me importaba bracear y bracear hasta la superficie. Me parecieron eternos esos 10 mts que hasta ese momento no había experimentado. Recuerdo el sentimiento en carne propia de eso que me sobrepasó. Pero pude...

Llegué a la superficie... pude.

En los últimos meses me he encontrado con distintas profundidades, varias rocas, icebergs. Situaciones de la vida en la que el modo supervivencia se activa. Enfermedad de seres queridos, conflictos laborales, conflictos internos, ruptura de relaciones. Algunos he golpeado, otros me golpearon a mí. Algunos les pude vencer. Creo que ante la marea hostil, lo mejor que puedo hacer por mí es recordar las palabras de mi abuela y concentrarme en no perder el punto de referencia en tierra, lo que te salva, lo que te hace bien.

A mí lo que me hace bien es hacer música. Así como en el rock el instrumento protagonista es la guitarra, en el jazz la trompeta, si tuviera que definir el estilo de la música que hago en este momento diria que tiene 2 instrumentos protagonistas: el piano y las emociones.

Un colega me dijo una vez:

"Si no hacés música te volvés oscuro"

Y es cierto, se ha vuelto una necesidad para mí al nivel de dormir o comer. Sumado a otros ingredientes que son parte de mi receta para estar bien.

Hacer música es mi "purga terapéutica". Sentarme al piano sin importar si me siento inmensamente triste, si tengo una crisis de ansiedad o si pienso que nada tiene sentido. No importa lo que pase en la vida. No importa cómo sea la marea: alta, baja, espesa, sinuosa, fétida. Lo expreso en el piano.

No importa si el público son 10 personas que se paran a mirarte mientras tocás un hermoso piano de cola de exposición en la Feria de la Música, o millones que sintonizan el canal más visto del país, mientras audiciono con mi teclado para el casting de Got Talent Argentina después de 8 hs de fila y un viaje hasta Martínez de 3 medios de transporte bajo una lluvia torrencial.

Me saco la mierda en el escenario. Me saco la mierda y la transformo.

Siempre ha estado la música ahi para mí... esperándome. Tal vez sea el amor más incondicional que vaya a conocer en toda mi vida.

Durante mi proceso, me estoy haciendo consciente de esto. Mi psicóloga me dijo el otro día:

"Mirá que interesante que a pesar de todo lo que te está pasando seguís aferrado a la música"

En su lenguaje, según la relación terapéutica que tenemos hace más de 2 años, interpreto que estoy como Rose estaba en los últimos minutos de "Titanic": aferrada a la tabla que le terminó salvando la vida.

Y hay una frase muy curiosa de la película "Titanic" que me parece una gran verdad después de todo este relato: Pase lo que pase, lxs musicxs tenemos que seguir tocando.

Te invito a descubrir mi música en mi canal de Youtube:

Matias Barros

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