LA PROPAGANDA DE UNA SHELL EN ENTRE RÍOS (PD: TRIPLE FEMICIDIO EN FLORENCIO VARELA)
Sep 24, 2025

Hoy (20/9/25) vi una propaganda de una estación de servicio donde un par de trabajadores de esos que cargan combustible, se sienten irritados por una mujer (incluso es simpática y amable) tratándola de “infumable” la meten en una bolsa y la llevan en una trafic a Formosa. No se sabe si la asesinan o solo se deshacen de ella. Terminan comentando lo aliviados que se sienten sin su presencia molesta. Esto me lleva a pensar algunas cositas.
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La función del arte es sugerir. Ya lo planteaba la filosofía del escritor comprometido, pretender que una obra esté despojada de política es un acto de “mala fe”. Cuando escribimos nos posicionamos en el mundo. Muchas veces somos empáticos con nuestros enemigos, iluminamos la ambigüedad, la dificultad de capturar la realidad humana en moralina berreta. Así se crean fenómenos curiosos, los villanos se vuelven seres entrañables y justificados en su lógica interna. Esto no es un error. En nosotros convive el mal, la ira, la agresión; hasta cierto punto la hostilidad es un indicio de salud emocional. De sutil balance en un mundo que nos es adverso. La función del arte, pues, es sugerir.
Que Otelo mate a su mujer por la insidiosa acción de un moro, que los hermanos en el cuento de Borges asesinen a la mujer que ambos desean porque su fraternidad es primera no es casualidad. Las obras son hermosas, llenas de belleza, pero relatan algo trágico. Decir las cosas con belleza he ahí la función del arte. Uno puede hablar del vómito y las vísceras destripadas con belleza. Uno puede narrar un crimen como la traición de Silvio Astier con justificación filosófica.
El caso es que la belleza se da, porque en el ser humano hay un residuo de maldad que no se deja domesticar. Y porque… esas cosas pasan. No es metáfora. ¿Cuántos femicidios hay en el país semanalmente?
Pero el escritor que no se compromete con la condena de una situación escandalosa, pese a la “belleza” del arte obra de mala fe, porque insiste en sostener un estado de cosas repugnante, y encima con el brazo suave arte. El arte sugiere, explica, normaliza, hace asimilable lo que no se puede decir.
Y, además, el arte es indirecto. Dijimos que el arte no ordena, sugiere, tienta, seduce, explica, pero no desde la lógica, sino desde el sentimiento.
En la propaganda de Shell coinciden varias cosas. La obscenidad de la dirección, la falta de arte, la mala actuación, el mensaje repudiable y claro, el humor grosero. Curiosamente esas “debilidades” no fortalecen a sus antagonistas que valoramos la vida. Nos debilita. Porque no cualquiera es Shakespeare o Borges para justificar un femicidio, pero cualquiera puede matar a una mujer.
El problema es que aunque vulgar, es arte. Y el arte sugiere, el arte se encarna en actos y justificaciones morales. Así, la lógica del comercial es que la chica merecía ser asesinada porque era “infumable”, porque ellos, los hombres no tenían paz y no se la bancaban. Esto no significa que de pronto las personas normales vayan a matar a nadie. Cuando era niño tenía pistolas de plástico, pero claro, nunca empuñé un arma. Sin embargo, se crea así un clima de justificación y validación que es necesario desarmar. Porque cuando esas cosas sí suceden, la mano suave del arte lo justifica. Le dan cobijo en el mundo.
En síntesis, se trata de tomarse el arte en serio. El arte sugiere, y modela silenciosamente a la sociedad. La censura y la cancelación no resuelven nada. Pero acaso se pueda argumentar que debemos ser sensibles a todo lo que consumimos y lo que significa. El compromiso sartreano de que cada decisión y cada aspecto de la realidad del mundo depende de nosotros sigue siendo tan evidente como necesario.
PD: Apenas un par de días más tarde (24/9/25) nos desayunamos con el triple femicidio de dos jóvenes de 20 años y una adolescente que fueron descuartizadas y descartadas en bolsas de consorcio. El planteo es más urgente que nunca. ¿Cómo obraremos a continuación?
Primero debo decir que no estoy planteando una continuidad material entre la propaganda de Shell y el crimen terrible de Florencio Varela. Pero si de algo sirve el análisis simbólico de lo que acontece en los medios es para esto.
Debo decir con preocupación que estoy percibiendo un clima de renovada hostilidad por parte del movimiento feminista, y la posición de quien escribe es que con razón. En el libro de 2023 El odio y la ira, mi profesor de ética, Guillermo Lariguet analiza el fenómeno del odio y de la ira. Y en momentos como estos nos preguntamos si esos análisis son pertinentes. Estamos siendo testigos de viborazos amenazantes por parte de mujeres acerca de “volver al 2018", un clima ciertamente insoportable de caza de brujas hacia varones “violentos” de toda laya. El tema quedó como una anécdota graciosa, se percibieron excesos rayando lo ridículo y complicaciones jurídicas. Pensar estas cosas es problemático. ¿Dónde me sitúo hoy yo? Lo que cuesta aceptar es que, siguiendo los planteos de Lariguet, esa ira está siendo justificada. La violencia contra las mujeres es un hecho, dolorosamente comprobable. Entonces nos preguntamos si volveremos a vivir ese clima jacobino que comienza a avecinarse, y quizás este sea un llamado a los ingenuos a no jugar con fuego inadvertidamente. El clima es insoportable. Lo vimos repetidamente desde la asunción de Javier Milei a la presidencia: a la deslegitimación del discurso feminista se le siguió el gravísimo problema de la desfinanciación de los protocolos llamados a proteger la violencia contra las mujeres. Ciertamente, las mujeres están en riesgo. Y las diversidades mucho más. Donde portar una remera de Lali te hace blanco de ataques físicos, y expresar la sexualidad de crímenes horribles. ¿Dónde están los aliados del feminismo en un estado ausente?
Ocurre que en momentos de justicia excepcional las personas probas se ven llamadas a hacer oídos sordos, por el “bien mayor”, o sea, obrar políticamente. El pronóstico es que la falta de visibilización y de seriedad del problema contra las mujeres redundó en un envalentonamiento de los viejos símbolos machistas. Así se naturaliza y se oprime. ¿Puede extrañarnos que las mujeres estén clamando por un 2018 cuando sentían que todos los varones temíamos por nuestro nombre e imagen pública? ¿Un momento donde podían desatar su furia? Siguiendo a Lariguet allí no se trataría de odio, no hay odio contra los hombres, sino justa ira. Emoción caliente, vertiginosa, reactiva.
¿Qué ocurriría si los varones no nos comprometemos con la alarmante emergencia de violencia? Que cualquier disparador mediático como el de Thelma Fardín en su momento desatará el conflicto abierto una vez más.

Bonchi Est
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