—Creí que te iba a perder.
—No, mi alma es tuya, jamás vas a perderme mientras haya pasión en mí, vida en mis ojos, sangre en mis heridas....
—Pero mí alma sí está pérdida a tu lado, mis ojos no brillan cómo los tuyos, no hay sangre en mis venas, lo siento.
Un silencio invadió aquella habitación, desde cada esquina del lugar, hasta llegar al centro de mí corazón. Sus manos de pronto se sintieron frías, su agarre perdió fuerza, y ante mi quietud total, finalmente me soltó.
—Lo siento. —Fue lo último que salió de su temblorosa voz, seguido de los crujidos de la madera mientras se alejaba de aquél lugar que solíamos llamar "hogar". Deshaciendose de todo aquello que di de mí en el camino, pero sin llevarse las marcas que dejó en mí camino.
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