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    En casa siempre hubieron problemas con el dinero. Mamá trabajaba limpiando hogares y papá encerrado en una oficina, según nos contaba. Siempre fuimos una familia con problemas económicos, de hecho ese era el tema del que más se hablaba a la hora de la cena: que debíamos ajustar gastos para poder pagar la cantidad de números que venían en la boleta de luz, que empezaríamos a comer solamente a la noche para ahorrar comida, etc.


    Anoche papá llegó muy tarde del trabajo. Vi cómo entró a casa con una expresión de fastidio y preocupación que se había vuelto vada vez más frecuente en el ambiente. Tomó asiento con la mirada puesta en el suelo, como si estuviese estudiando las valdozas, soltó un suspiro fuerte de cansancio y guardó silencio. Mamá, que estaba preparando la comida, le preguntó cómo le había ido en el trabajo. Tras esto, papá arrugó las cejas y contestó con enojo que nuevamente el jefe lo llamó para hablar en privado, y que le dijo que no iba a poder darle el aumento que necesitaba. Dijo, según papá, que el jefe le dijo que estaban teniendo inconvenientes económicos en la empresa y ese era el motivo por el que debían ajustar los sueldos de sus empleados.
    Mamá ya estaba triste y con la mirada preocupada desde antes de que llegara papá, pero la vi mucho más alarmada cuando papá comentó eso que le dijo el jefe: continuó revolviendo los fideos dentro de la olla mientras su mirada recorría toda la casa, hasta que dejó la comida de lado y comenzó a caminar en todas direcciones.

    Unos minutos luego de que la preocupación la haya consumido, me ordenó que fuera a mi cuarto un rato, que iba a avisarme cuando estuviera la comida. Al parecer olvidaron que mi cuarto no tiene puerta, por lo que pude oir su conversación privada.

    Entre gritos, mamá le pidió que por favor insista con el aumento de sueldo porque no estaba alcanzando el dinero que papá traía a casa. Papá, con la voz repleta de fastidio, le respondió entre gritos que no diga idioteces, que si el jefe dijo que no puede aumebtar el sueldo es porque es cierto, y que intente ser un poco empática con él.

    La discusión continúo por un largo rato, casi una hora y media, hasta que salí de mi cuarto para preguntar si ya estaba lista la cena, ya que moría de hambre, a lo que mamá respondió que faltaba aún. En ese preciso instante la olla comenzó a desbordar una especie de espuma, y la tapa empezó a temblar, así que mamá salió como un rayo a la cocina a destaparla y disminuir el fuego.


    Entonces comprendí que por muy tapada que esté la olla, tarde o temprano el fuego haría que el agua hirviera y acabara, por la presión, escapando a como dé lugar, haciendo desbordar la olla.

    Juan Manuel Mohamed

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