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La pedida de deseo

camilxgb

Aug 27, 2024

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La pedida de deseo
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Hay ocasiones en las que se nos habilita pedir un deseo (a veces, más de uno). Tras el soplo de la vela de cumpleaños se esconden tres deseos. Si la contaminación lumínica no te lo prohibe y en una noche azarosa y despejada encontrás una estrella fugaz, podés pedir un deseo. También hay quienes afirman que el primero de enero de cada año, exactamente a las doce de la noche en punto, para adentro y con firmeza, podés pedirlo. Siempre se pide y nunca se cuenta. Existe este mito egoísta que determina que el deseo no se comparte: como si exclamarlo en voz alta lo diluyera entre las moléculas de oxígeno ajenas.

Desde que tenía seis años siempre pidió los mismos tres deseos. Jamás de los jamases, aunque el contexto sociopolítico lo ameritaba, aunque una pandemia acechara a su puerta, aunque la inclemencia de la vejez le tocara las arrugas de la cara, jamás cambió ni el tipo ni el orden de los deseos. Éstos iban en un orden concreto, de menor a mayor importancia. El último, de alguna manera, englobaba a los otros dos. Por tanto, cuando vio una estrella fugaz por primera vez, sabía qué deseo pensar en su inconsciente. Pasaron 18 cumpleaños, 18 comienzos de año y, aproximadamente, 14 estrellas fugaces por su retina. En algún punto, no sabía si sus deseos se estaban cumpliendo. Creyó que sí cuando dio su primer beso. También suspiró cuando le dijeron que era hermosa. Inclusive una vez ¡gritó! Gritó al descubrir que había sido genuinamente feliz un miércoles de junio del año 2021 (porque nunca se es consciente de la felicidad cuando se la transita). Pero seguía disconforme, algo le faltaba al deseo. Como si se cumpliera a medias, con vergüenza, temeroso. Hasta pensó que los había cansado: ¡había cansado a los dadores de deseos! Los había pedido tantas veces que probablemente el dador universal de deseos de cumpleaños, el relojero de los primeros de enero y el fabricante de luces fugaces se habían aburrido de escuchar siempre las mismas peticiones.

Pero siguió pidiendo los mismos deseos. Hoy día creo que ella tenía una filosofía claramente delimitada: la paciencia y la constancia de las aspiraciones. Como si no tuviera sentido pedir uno distinto. Como si no tuviera miedo. Porque desde los 6 años estuvo convencida de que ésos tres deseos eran irremplazables y, por tanto, (im)posibles. Pero un deseo es aquello que se pide con la certeza de lo inviable y el anhelo de hacerlo posible.

Desconozco si sus deseos fueron escuchados, lo único que sé es que volverá a pedirlos aunque ya los tenga con tal de mantenerlos imantados a su corazón. Con tal de agradecerle a vaya uno saber qué dador de deseos. Con tal de que se cumpla sólo el último.

camilxgb

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