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La partitura de los ciegos

Daniela

Abr 22, 2026

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La partitura de los ciegos
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El mundo es hoy una maquinaria que ha olvidado su propósito, un engranaje de ruidos secos donde el cielo tiene el color del metal oxidado. Ya no hay mapas, solo esta fatiga de caminar sobre un suelo que se deshace como un terrón de azúcar en la lluvia. Existir se ha vuelto un oficio de náufragos: un simple estar, un sostener la respiración mientras el horizonte, esa línea que antes era una promesa, se cierra sobre nosotros como una mandíbula de cemento.

Sin embargo, en medio de esta geografía del extravío, persiste el amor como una falta de ortografía en un texto perfecto. Es un error luminoso, un incendio que se empeña en quemar bajo el agua. No es un refugio ni una meta, sino el único hilo de seda que nos impide caer al fondo del vacío. Amarte en este mundo que se desmorona es como intentar tocar un violín en medio de un derrumbe: la música no detiene las piedras, pero les da una forma de danza, una razón para no ser solamente escombros.

No busco el rumbo porque el norte es ahora un pájaro de plomo. Me basta con este azar de encontrarte en las grietas de lo cotidiano, donde la filosofía ya no pide respuestas, sino que se resigna a mirar cómo la luz todavía insiste en filtrarse por los vidrios rotos. Estamos aquí, existiendo a ciegas, dos sombras que se reconocen por el tacto en una ciudad que ha perdido su nombre. El mundo está peor, es cierto, pero mientras tu mano busque la mía en la oscuridad, el naufragio no será una derrota, sino nuestra manera de habitar la belleza.

Al final, quizá solo se trate de eso: de ser los únicos que todavía saben que debajo de este ruido de máquinas, todavía late el pulso de lo que no puede ser medido ni vendido.

Daniela

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