"No lo veas desde el punto europeo. Bájate de esa nube, que tú no eres europeo."
Esas fueron las palabras que me asestó una persona especial. Palabras que, si bien no lograron doblegar mi pensamiento, desestabilizaron mi actitud y mi temple por unos minutos.
El golpe fue emocional.
¿Acaso es necesario ser de un lugar para tener derecho a conocerlo? ¿Debo ser considerado ignorante por no compartir una opinión unánime? Estas preguntas ardieron y divagaron en mi mente durante esos tensos segundos.
Entonces, meditando en sus palabras y en la calma que busqué en mi interior, la respuesta se impuso:
"El conocimiento no se basa en la incredulidad del ser humano, ni mucho menos en razas ni naciones; el conocimiento se basa en el interés del individuo en aprender sobre lo que no conoce, y pensar y vivir como si lo hubiese conocido."
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