La naturaleza del humano radica en ser verdugo de su propia soledad
Jun 4, 2026
Querido viejo amigo:
Pasaron casi mil horas ya desde que nos vimos por última vez, y hoy por hoy creo estar cambiando más de lo que lo hice en los últimos y únicos 19 años vividos. Quizá con el costo de estar destruyéndome por completo, pero bien supe decir y escuchar que quien se rompe en partes, puede observarse mejor.
¿Recordás esa filosofía absurda que sostenía por allá en mis dieciséis? Esa en la que sostenía que cada día que pasábamos, no era un día más, ¿sino un día menos? Qué bella sentía la vida en esos tiempos a diferencia de hoy, y hablo como si estuviese a décadas de palpar esos años pero fue tan solo, tres o cuatro vueltas de calendario atrás.
No es que la vida haya dejado de ser hermosa, siempre y hasta el final de los tiempos voy a sostener que lo es; mi problema es que solo puedo verla así por momentos. Y aunque ya lo expliqué reiteradas veces, con rebuscadas metáforas y con crudas confesiones, parezco estar siempre oscilando en el mismo péndulo casi que patológico si hablamos de mi neurosis.
Supe escuchar que andás mejor, me lo dijo un pajarito; de tan poca cordura que presumo estos días, cada día me comunico mejor con los animales. Porque si de las personas hablamos; es tristísimo ver como se despedazan unas a otras más por no saber quererse y por temor a tenerse que por odio al prójimo. Es como si todos tuviéramos el arreglo trenzado espinoso de Jesús ahorcándonos el corazón y ante el más mínimo latir eufórico, despertáramos una alerta que da luz verde en nuestra cabeza para dañar a todo ser humano existente, sólo por el hecho de sentir dolor.
Estoy un poco triste hermano, te extraño con el mismo sentimiento neblinado que siente un marinero cuando el sol reposa en la calvicie de su coronilla y no sabe indicar el norte ni el sur. Pero creo que caminás mejor sin mí, tu no-aparición en estos últimos meses ha sabido comunicarme tu bienestar en mí ausencia, y aunque me empalidezca un poquito pensarlo, me achico ante tal sensación y, prefiero seguir en mi camino paralelo que se le acerca lo suficiente al tuyo como para poder observarte, más no interrumpirte.
La esperanza es un arma hermosa hermana de la voluntad y de la motivación, aunque la última sea una variable, y las primeras dos, dones adquiridos, por a o por b terminan relacionándose entre sí.
Espero que cada rayo de luz que me hayas dado me ilumine los días que están por venir porque hermano, cada día que pasa me desangro más y no puedo evitar sentir que estoy muriendo todos los días en una batalla que ya me viste perder hace casi catorce semanas ya. Me hacés mucha falta por acá y... cada vez respiro menos; mi estómago ruge más y mis párpados pierden su utilidad. Estoy tan perdido que empecé a contar los días encerrado tallándolos en mis antebrazos.
Ruego esta carta te llegue mi hermano del alma, y antes del cese de esta carta, quiero preguntarte algo recordando que siempre dijiste que no existían ni las personas buenas ni las personas malas, sólo las conscientes e inconscientes; si yo no soy tan ruin como creo ser, y soy más consciente de lo que siento:
¿por qué tengo tanto orgullo de pensar que mis pecados no merecen misericordia?
Espero ansioso tu respuesta, Pupi. Con amor y añoranza, te dedica esta carta Nicolás.
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