La muerte, mi peor enemiga
Desde que tengo memoria
me arrebata lo que amo.
Fría, paciente, implacable,
en uno de sus tantos intentos,
casi me arrastra con ella.
Odio su sombra acechante,
el vacío,
el eco del dolor que deja
al rozarme.
Hoy vuelve a tocar mi puerta.
Se burla, anuncia su hazaña,
se lleva otro pedazo de mí.
Maldigo al tiempo,
su cómplice eterno,
que nunca se detiene por mí.
No quiero mirar,
pero ya lo sé.
Lo siento en los huesos,
en la piel, en la voz que se quiebra.
Caigo de rodillas ante ella:
Déjame verla una vez más.
Dame un instante, un suspiro.
Déjame entregarle todo mi amor,
antes de que la apartes de mí.
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