Perdón.
Perdón por ser tan mala, por no poder ser una mejor hija, por todo el dolor que te causé.
Por haber sido tan egoísta y haber pensado solo en mi. Por no poder perdonarte.
Pero es que me cuesta, y yo también estoy aprendiendo a ser.
A veces me pesa más el rencor, me pesan más las cosas que sentí que no me diste. Es decir, me pesa la ausencia de lo que no fue, y eso nubla mi conciencia.
No me deja ver qué, así como hay cosas que me faltaron, a vos también.
Qué si no pudiste darme lo que necesitaba, no fue por falta de voluntad, sino por tus propias limitaciones.
Y así y todo, hiciste lo mejor que pudiste con las herramientas que tenías y con el dolor que cargabas.
Perdón por no poder soltar mi bronca o mis disconformidades, pero es que estoy sanando, y no puedo hacerlo más rápido.
Necesito tiempo.
Aún así, sé que también es difícil para vos.
No sabía que estabas tan lastimada, ni que te habías sentido tan sola.
Yo también me siento sola, todo el tiempo, y así estuve por muchos años de mi vida.
Al fin tenemos cosas en común.
Ahora es todo tan claro.
Vos jamás ibas a poder ayudarme, ni ayudar a ninguna otra persona, porque ni siquiera podes ayudarte a vos misma.
Vos necesitabas una mamá, necesitabas un papá, y ninguno de los dos fueron las personas que esperabas.
Sufriste, lloraste, aprendiste a hacerte sola desde muy chica.
Tu papá te maltrató, y tú mamá nunca te defendió como querías, como esperabas,
porque se supone que eso hacen las mamás ¿No?
Capaz vos tampoco querías todo ese sufrimiento para mí, pero eras tan chica, tan inexperta.
Y entre querer salvarte a vos y hacerte cargo de mí, deambulamos por el limbo, sin pensar en cómo poco a poco me dejabas caer a un lado.
Yo me sentí tan fuera de lugar, tan desplazada.
Ahora entiendo por qué no podés perdonar a nadie, ni siquiera a vos misma.
No podes perdonarlos porque yo siento lo mismo con vos.
Y ellos también hicieron lo que pudieron con lo que tenían.
¿Qué injusto no? La paradoja de la existencia.
Yo sé que vos me necesitas, sé que querés acercarte a mi, que sentís la necesidad de tenerme cerca.
Pero en el fondo, las dos sabemos que yo no puedo ayudarte a saciar tus dolores ni tu vacío.
No soy tu mamá, soy tu hija.
Vos necesitas sanar tus cosas, y yo necesito sanar las mías.
Pero jamás vamos a poder si no avanzamos juntas.
Yo tampoco quiero el cuidado del resto. Yo quería (y quiero) tu cuidado, tu amor, y el de papá también ¿Por qué no?
También quiero dejar de sentirme miserable, de sentir que soy imposible de amar, de sentirme fuera de lugar a cada espacio que voy.
Dejar de sentirme diferente al resto del mundo.
Te amo, y yo sé que vos a mi.
Perdón por darte la espalda, por mi soberbia, por ser tan egoísta, otra vez.
Perdón por no querer girarme a verte, pero es que no puedo verte directamente.
Estoy demasiado preocupada en sanarme a mi, y vos estás varada, esperando que yo vaya hacia a vos. No podés moverte, querés y no podés, no sabes cómo.
Me pedís perdón, te arrepentís, decís que me querés hacer feliz y después te contradecis.
Tenés un hueco tan grande en tu corazón, duele, yo lo sé.
Sentís una presión en el útero. Parece que tu niña no puede sentirse conforme en el cuerpo de la adulta que supuestamente sos, y está bien.
Yo tampoco.
No sé hacerme adulta. Juego a serlo sin saber ni siquiera para dónde voy.
Ahora lo entiendo, o lo puedo ver mejor.
No sé qué pasó en vos, ni sé quién te lastimó tanto, pero creeme que te entiendo, porque lo que vos sentiste, inconscientemente me lo transmitiste.
Lo siento cuando estoy sola, acostada en mi cama, sumergida en la oscuridad de la madrugada, y tengo ganas de llorar sin razón aparente.
Cuando un hombre rompe mi corazón, con aquella obsesión latente y un mal hábito que se vuelve recurrente en mi,
cuando mis supuestos amigos me dejan de lado,
cuando mi familia me critica por lo que hago y dejo de hacer,
cuando invadieron mi intimidad e hicieron tantas cosas conmigo sin mi consentimiento,
yo sentí lo que vos sentiste.
Yo también sentí ese dolor, y me quise morir, muchas veces.
No te olvides que yo estuve en tu útero, fui parte de vos, y tus recuerdos todavía están en mi.
Yo lo sé, lo siento todo el tiempo. Pero ahora te pido que me permitas soltar eso, necesito cortarlo.
Necesito devolvértelo porque me está lastimando mucho.
A veces siento que vos ni siquiera te inmutas, pero yo sufro, lloro, levanto la voz, me falta la respiración.
Es demasiado.
Tampoco es tu culpa, ya sé.
Pero lamentablemente por más que vos no hayas sembrado esto, creció en tu jardín, y ahora lo heredé yo, qué sin querer queriendo, lo sigo sembrando.
Pero tranquila, que a esta red de malas hierbas también la corto yo.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión