Su vida fue demasiado corta.
Sin aviso y con demasiada prisa la muerte pasó a buscarla una tarde gris y lluviosa de otoño.
Hoy tengo muchos años más de los que ella tenía y nunca podré saber si su cabello hubiese sido blanco como el mío. O si alguna de mis arrugas coincide con las de ella. Nadie pudo verla envejecer. Quizás ya estaba escrito que siempre sería joven.
Ni siquiera me soñó, no hubo tiempo para ello. No se piensa en ser abuela cuando queda tanto trabajo por delante como madre.
Entre tantas cosas que se sobre ella, las que pienso que podría haber hecho o las que podríamos haber hecho juntas, me di cuenta hace muy poco, que no conoció el mar.
A mí siempre me resultó mágico, soñado, infinito, cautivante y ella ni siquiera estuvo cerca.
Sentí nostalgia al darme cuenta de que nunca sintió el aroma especial del agua salada, ni sus pies se hundieron en la arena húmeda, tampoco vio la espuma llegar y retirarse como en una rápida despedida.
Y yo curiosamente siempre la asociè con las pinturas de Joaquín Sorolla. No sè porque cuando veo Paseo a orillas del mar, la imagino junto a su hermana Margarita.
No coincide ni el tiempo en que fue pintado, 1909, un año en que aún no habían nacido, ni el parentesco, ya que las damas del cuadro son la esposa y la hija del artista valenciano. Pero en esa captura de la belleza natural de la costa bañada por la luz de la tarde , yo creo verlas con el sol pegándole en la cara y la brisa jugando a ondularles los blancos vestidos de gasa.
Es muy extraño esto de ver la pintura e inmediatamente pensar en ella. Tal vez sea porque dicen que esas largas pinceladas convierten algo abstracto en una sensación de estar en el mar. Y evidencian la habilidad del pintor para capturar la luz solar sobre los elementos naturales y tejidos.
Siempre se habla de la luz de Sorolla.
Mi abuela Aurora nunca conoció el mar, mucho menos el Mediterráneo.
¡Tendría tanto para contarle!. Que sus hijos crecieron. Que le dieron nietos que la llenaron de bisnietos. Y que una de ellas, tiene su pelo ondulado y sus ojos pardos, y disfruta de la playa y crece muy cerquita de Valencia.
Debería decirle que yo , la mayor de todos y única nieta mujer, aún sigo soñando, creando y creyendo en señales. También, que, aunque no pude tenerla, no deja de estar conmigo.
Y que cada vez que veo un famoso óleo pienso en su luz, la de mi abuela Aurora. Ella, la que siempre será resistente al olvido.
Miriam Rodriguez Roa
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Miriam Rodriguez Roa
Soy auxiliar psicoterapéutica (laborterapia y arteterapia). Me encanta escribir y cuando lo hago, sumo mi apellido materno. Son mis raíces y sellan mis sentires en una firma.
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