La lluvia golpea insaciable
Fuertemente se abre camino entre mis manos que padecen de la fortuna de la humedad
Del albedrío de sentirse frías y limpias
Abiertas como un canal que trasvasa la vida y se descubren
Incólumes como la superficie pulida de un diamante
Deseosas siempre/anhelantes siempre
El vapor de eleva dejando una sensación virtuosa
Una sensible presencia de ligereza y orfandad
La soledad es algo doloroso
A veces, un íntenso atributo
Así andamos en este planeta
Afligidos y deseosos de algo que desconocemos
Algo tan sublime como el agua
Tan latente como el albedrío
Pero siempre tengo la lluvia para mi
Me ennoblece la simple corrección de su camino húmedo
De su aliento fresco

Yom Hernández
Aquí un licenciado en Historia, loco por la literatura que lee y escribe pertinazmente. Padre de tres libros publicados por Ed Atlantis, Ed Adarve, Ed Cuadranta.
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