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La Ingeniera Vixon

Microchip

Jun 4, 2026

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La Ingeniera Vixon
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Había una vez una persona y esa persona era una mujer y esa mujer era ingeniera y se llamaba Vixon. Ingeniera Vixon

Nació duplicada como leona en un mar plateado que es iluminado por el sol dorado de cada verano y frío en los inviernos por sus despampanantes y ultraviolentos vientos.

La ingeniera Vixon con el don de la maña se bautizó, desde pequeña desarmaba y armaba todo de un parpadón.

La ingeniera Vixon muy ingeniera creció, le gustaba el punk y los vampiros, acariciar gatitos y escuchar  sus vinilos. Rompía cosas para poder arreglarlas y dejarlas mucho mejor para recién ahi poder cuidarlas un montón.

La ingeniera Vixon era tan mañosa que la catalogaban un poco autista pero ella era en realidad una excelente baterista, gran artista, también electricista, ataba cables y prendía sables en las galaxias de los más pesimistas.

Se hizo amiga de los peces, las estrellas de culo grande y los caracoles. Tenía afinidad con los lobos marinos pero desconfiaba de los pescadores. La enloquecían las sirenas y sus cantos enamoradores. También construía castillos para los cangrejos y hacía cuentas con ábacos de girasoles.

La Ingeniera Vixon era tan mañosa que construía robots de apariencia cariñosa, soldaba con estaño y transformaba en un sims con luz verde a cualquier hermitaño.

La Igeniera Vixon tenía alma de viajera, conocía varios mundos virtuales y reales, disociaba en los mentales  y chateaba en las redes sociales.

Pero un día su Mar del plata de plomo le lleno el corazón, si bien lo amaba, como quien habita mucho tiempo, un poco se canso.

Así la Ingeniera Vixon un nuevo viaje emprendió. Con sus ingenierísticas habilidades de manos mañosas una barca construyó. La pintó de azul, recicló basura para hacer un timón y en época de arribazón todas las algas que pudo recolectó, una a una las cosió y tremendas velas levantó. El la punta más alta una camiseta de Aldosivi como bandera flameó.

Del mar hacia el río  la Ingeniera Vixon navegó. Les sorprendería lo rápido que llegó, ya que con su gran maña que tenía de don, el mejor de los motores sin ton ni son construyó.

Al llegar a tierra firme un mapache con rulos la recibió y se encargó de que la Ingeniera Vixon recorriera el lugar con mucha emoción.

El mapache a un pony, un pez coscoíno y una loba que cantaba unas lindas sevillanas le presento y La Ingeniera Vixon en otro parpadón sin pensarlo mucho se acopló.

Esta extraña manada muchas desopilantes aventuras atravesó, intercambiaron saberes, se enseñaron hazañas y bailaron hasta que el sol salió.

Muchos años la manada feliz vivió, hicieron asados, tortas de cumpleaños y alguna que otra intervención. El amor entre todos ellos nunca pero nunca falto.

La ingeniera Vixon muchos amigos acumuló, se compró un colectivo y a todos allí alojo.

Manejando hasta la punta de la montaña mas alta los llevó y una vez ahí vieron las estrellas, los aliens y un avión que despegó. Entonces la Ingeniera Vixon recordó que ella mañosa y viajera nació.

La ingeniera Vixon era tan mañosa que construir un avión imaginó, pidió ayuda a su manada y esta sin dudarlo se mandó.

Por meses juntaron chapas, cintas y cartón. Algunos sillones, mantitas y almohadones. Cables, controles y circuitos programadores. Stickers, fotos, estampitas y cintas de colores.

Sin pensarlo tanto el tiempo volando les paso y en una larga pista el colectivo y el avión estaban juntos en posición.

Antes de subir por las escaleras la Ingeniera Vixon sus petates distribuyo. Al pez sus luces y cristales le dejo, la loba su placard renovó, el mapache por ser el primer fiel fué el que más ligó y toda su casa nueva con la energía (y electrodomésticos) de la Ingeniera Vixon se impregnó. A su pequeño pony una gran reliquia a su cuidado dejó, aquel robot cariñoso que con tanto amor forjó. El pony preguntó que nombre tenía aquel robot, porque le parecía de muy mala educación no poder llamarle como su madre le bautizó, pero la Ingeniera Vixon respondió que nunca un nombre para este pensó. Así que el pequeño pony no dudo e Ingenio Vector lo nombró.

Entre lágrimas y sollozos la manada se saludó, sabiendo que esto no era precisamente un adiós, con un buena suerte y hasta luego, la manada de Vixon se despidió.

La Ingeniera Vixon muy alto y lejos voló.

Esa fué la historia de cómo una ingeniera marina con sus encantadoras mañas a mucha gente le robo el corazón, pero ¿A dónde viajó? se preguntarán ustedes con mucha ilusión.

Algunos dicen que a parís fue a poner en práctica su lección. Otros dicen que se fue a un planeta en otra dimensión porque es tan ingeniera que seguro encontró aquella ecuación correcta para la teletransportación.

Sin embargo a mi el chisme me llegó de que la Ingeniera Vixón en algún lugar más allá del arcoíris arribo. Llego a la tierra de aquellos duendes que bailan con zapateos, toman cervezas y visten de verde. Dónde las monedas se guardan en calderos y son de chocolate. Una tierra bien loca, donde allí todos los tréboles si dan suerte porque tienen sus cuatro hojas.

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