La influencia de los discursos de odio I Algunas anotaciones
May 27, 2024

Hola, ¿cómo están?
Espero que hayan arrancado bien la semana.
Hoy les vengo a hablar sobre un tema que viene resonando en mi cabeza hace bastante tiempo: los discursos de odio. (Tranqui para arrancar la última semana de mayo, ¿no?)
Voy a retomar la frase que una profesora de la facultad dijo y fue: "Todo el tiempo estamos leyendo, escribiendo y escuchando cosas". Pueden preguntarme cualquier cosa que ví ese sábado por la mañana pero lo único que quedó sellado y grabado fue esa expresión. Parece de lo más obvio... pero no lo es. Prestemos atención a ese detalle.
En este último tiempo se estuvo observando una gran ola de gente expresándose "libremente" (entre comillas, entendiendo la ironía de las mismas por las contradicciones que esta premisa encierra) en contra de minorías, colectivos y hasta explícitamente de pares.
Pero, ¿qué es exactamente un discurso de odio?
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) define a los discursos de odio como “cualquier tipo de comunicación verbal, escrita o conductual, que ataca o utiliza lenguaje peyorativo o discriminatorio con referencia a una persona o un grupo sobre la base de quiénes son. En otras palabras, sobre la base de su religión, etnia, nacionalidad, raza, color, ascendencia, género u otro factor de identidad”
Entendemos entonces algunas situaciones entorno a esta definición (qué difícil y agotador resumirlas):
Las nuevas subjetividades formadas desde distintos espacios de derecha que vienen gestándose a la par de la conocida marea verde. En 2018 estos grupos venían formándose desde las sombras.
La banalización mediática de las luchas colectivas. Los medios de comunicación monopólicos que defienden sus propios intereses alcanzaron todas las formas de burla hacia las causas nobles.
En relación a este punto, la creación de "fake news" alrededor del funcionamiento de organizaciones sociales autogestivas que atienden las más críticas demandas sociales.
El constante retroceso en el reconocimiento de la identidad de género y sus derechos.
Pudimos verlo en uno de los hechos más recientes, muy conocido más no mencionado con la importancia que merece: el lesbicidio en Barracas. Fueron asesinadas tres mujeres y una aún lucha por su vida, simplemente por ser lesbianas. Por ser, existir, vivir. Este no es un caso aislado, no es la primera vez que sucede una atrocidad como ésta.
En el día a día escuchamos y leemos la naturalización incesante de la violencia. Cuando hablo de violencia no me refiero a la violencia física puramente explícita. Está en todas partes.
Desde escuchar en una sala de espera como alguien habla por teléfono mientras entona con rabia y resentimiento la frase "Estos ngr*s... por más que corten la calle se les terminó" hasta en un recital donde de fondo se puede interpretar como alguien se queja por el canto "El que no salta, votó a Milei", las múltiples expresiones de desprecio toman forma de a poco generando que su impacto sea más corriente en las mentes y más crudo en las prácticas sociales.
Y el silencio ante esto tambien es una respuesta. El silencio y la ausencia. La ausencia estatal en casos de violencia.
Lo que no se dice no existe, quien calla otorga y la palabra es poderosa. Siempre lo fue. Herramienta de la vida, constructora de la cotidianidad, de la identidad y las prácticas que nos realizan como personas.
¿Hasta donde iremos a parar? ¿Cuál es el mando que debemos tomar para frenar ésto? ¿Hay salida?
Qué cansador el continuo atentado a la verdadera libertad. Esa libertad de la que tanto se jactan unos cuantos maleantes que nos quieren robar la esperanza de vivir en paz...
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