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La ilusión de la meritocracia

Jul 25, 2025

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La ilusión de la meritocracia
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Durante años, la idea de la meritocracia funcionó como un faro: si te esforzás, llegás. Si trabajás más que los demás, vas a avanzar. Si no lo lográs, es porque no te lo ganaste. Parecía justo. Parecía motivador. Pero también, y sobre todo, parecía cierto.

La narrativa del mérito individual es cómoda, especialmente para quienes ya están arriba. Ordena el mundo en una lógica aparentemente neutral, donde el éxito se mide por el esfuerzo y las capacidades, sin tener que mirar todo lo que vino antes. Sin tener que hablar de herencias, de contactos, de color de piel, de clase social, de género, de contexto.

Pero la meritocracia, tal como se vende, es una ilusión peligrosa. Porque no todos largamos de la misma línea. Algunos corren con zapatillas rotas y otros con ventaja. Algunos tienen viento en contra, otros tienen un entrenador personal desde la cuna. Y sin embargo, al final, todos son evaluados por el mismo resultado.

Insistir en que todo depende del mérito individual no solo es falso, sino cruel. Desconoce las barreras estructurales que millones enfrentan a diario: pobreza, falta de acceso a una buena educación, violencia, discriminación, precariedad. Y lo que es peor, culpa al individuo por no haber "llegado", como si el fracaso fuera una falla moral.

Esto no quiere decir que el esfuerzo no importe. Ni que el talento no tenga valor. Claro que lo tienen. Pero no son suficientes. En sociedades profundamente desiguales, el mérito no puede ser el único criterio para repartir oportunidades. Y mucho menos puede ser el discurso que legitime la concentración de privilegios.

Desarmar la idea de meritocracia no es resignarse. Es, al contrario, empezar a mirar de frente lo que no queremos ver: que para que el mérito tenga algún valor real, primero hay que nivelar el terreno. Hay que garantizar condiciones mínimas de dignidad y acceso. Hay que construir una sociedad donde el punto de partida no condene ni predetermine.

Solo entonces, tal vez, podamos hablar de mérito sin que suene a burla.

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