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la habitación que pedimos de prestado

malvina

Jun 1, 2026

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la habitación que pedimos de prestado
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Paredes comunitarias y silencio casí absoluto

en la habitación en la que pedímos de prestado.

Luces en el techo, una cama dura, una sola sabana.

Afuera alguién tiene frio y acá que todo parece de mentira.

Risas, jadeos, ansiedades. Oraciones torpes y desesperadas por decir algo glorioso, algo definitivo.

Nos apresuramos para llegar a hacer un amor con todas sus piezas para el final de la noche , antes de que nos echen.

Tratamos de hacer el amor de una vida en una noche

porque aunque siempre que nos despedimos

tratamos incubar a la proximo vez

como si fuéramos unos pájaros,

en medio del genocidio

nunca se sabe realmente

si te vas a volver a ver.

Ser un hombre quizá no sea otra cosa más que esperar a otro hombre dice Didi Huberman.

Pero a los hombres los están convirtiendo en rocas y en medusas y

hay miedo de que no quede ninguno.

Y el amor es ese que siempre llega tarde a la fiesta y quiere irse último. Así que si hay disturbios y policías afuera que quieran apagar su fiesta, se pavonea

bailando en frente de la ventana.

Y no se apura con nosotros, y nos provoca, y se toma todo su tiempo:

Él se acuesta sobre mi vientre

y yo recito.

Bukowski primero, Bolaño después.

Cuando llego a Bolaño me escucho con vergüenza pero me digo tenes que hacer esto. Algo tenes que entregar.

La voz y las palabras se ponen graves.

Se adhieren a las paredes de lujo barato. A las paredes de la habitación que es para todo menos para recitar poemas. Se llenan de peso. Se combinan. Las paredes, las palabras. Se confunden entre sí.

Rulos sobre mi piel.

aire de su nariz en mi ombligo.

su cabeza sube y baja al ritmo de mi respiración.

Cuando el poema termina lo dejo en el aire unos segundos.

Nos quedamos en silencio,

el poema, él y yo.

Espero a que diga algo por más que sé que esta dormido.

Abrazados como una crisalida que se masturba, decía el poema de Bolaño.

Hay un tipo de libertad en estar despierta mientras duerme. Se parece menos a estar en silencio y más a contarnos secretos. Él a mí y yo a él.

Me termino de camuflar yo también con las paredes y me duermo,

así,

sin pensar en nada importante pero sintiendo algo importante.

Y el amor me guiña el ojo desde la esquina.

Pues sabe que se salió con la suya y distorsiono al tiempo y a las cosas como quiso:

un silencio de voces,

una soledad acompañada,

algo lento que se mueve velozmente.

Y la capacidad de poder dormirme en una posición incomoda, como si nada.

Afuera alguien tiene frio

y acá que todo parece tan real.

malvina

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