La gota que derramó el vaso
cayó.
Después de tanto,
el vaso se llenó,
se volvió tan frágil,
incapaz de contener una gota más
sin que el agua se desborde.
Aquel vaso que albergaba
una galaxia entera
se ha desplomado,
arrasando con todo a su paso,
hundiendo el gran mundo
que guardaba,
formando glaciares
donde antes solo ardía
una llama capaz de brillar
más que el mismo sol.
Aquel extraordinario
y único mundo
se está encogiendo más,
como Alicia en el país de las maravillas,
reduciéndose a cenizas,
sin la posibilidad de encontrar
la pócima que pueda restaurarlo.
Se ha convertido en un enorme charco desbordado,
cada vez más extenso,
filtrándose a través de las grietas,
resquebrajando todo lo que toca.
Las criaturas tan fascinantes
que aquel mundo albergará,
nadan contra corriente,
esforzándose cada día un poco más
por seguir en pie,
luchando por no desvanecerse,
por no quedar solo en el olvido
de lo que alguna vez fueron.
El vaso de cristal
se está fragmentando
en pedazos tan diminutos,
que ni el microscopio
más avanzado y perfecto
sería capaz de hallarlos.
Es solo cuestión de tiempo…
y todo lo que habitaba
esa gran galaxia
finalmente se habrá consumido,
y todo aquel testigo de su existir
se habrá olvidado por completo
de lo que alguna vez
habitó.
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