Me pregunto si acaso el amor verdadero se mide por su sensatez... o por su capacidad de desordenarnos. Hay un tipo de hombre que, apenas aparece, las amigas fruncen el ceño, la madre guarda silencio incómodo, y la terapeuta, con tono neutro, sugiere que "analice si me hace bien".
Spoiler: no me hace bien. Me hace sentir. Que no es lo mismo, pero a veces, se parece tanto.
Ante los ojos del mundo, él es la opción incorrecta: el imán roto al que me aferro, la tormenta disfrazada de abrazo. Pero cada vez que intento elegir al que me "conviene", al que sabe a domingo prolijo, a un almuerzo con suegros y mensajes respondidos a tiempo, El que llega en punto, habla con claridad y no te desvela con silencios.
El que te lleva de la mano por una vida que parece de catálogo: viajes prolijos, fines de semana con planes fijos y conversaciones sin riesgos. Ahí es donde en la sanidad me cuestiono
¿De qué me sirve la estabilidad si me deja fría?
A veces, las personas que nos aman quieren vernos en calma. Pero esa calma a mi me suena a anestesia.
¿Acaso el equilibrio vale más que el estremecimiento?
¿Y si simplemente soy una mujer que no quiere anestesia?
En el no hay vértigo. No hay opción a la evolución.
No existe esa sensación de estar viviendo algo que no se puede explicar, pero que crudamente te atraviesa.
Él no es una historia, es una solución.
Y yo no quiero soluciones.
Quiero problemas que me hagan sentir viva.
El hombre "correcto" tiene todas las respuestas, pero no me genera ninguna pregunta.
No me desarma.
No me enciende el alma.
Él no me arruina el rímel con besos a destiempo ni me deja buscando señales en canciones. Y sin embargo, es él a quien aprueban.
Y elegirlo me haría sentir impostora de mi propio guion.
Por eso yo... yo me enamoro del que me deja temblando en cada despedida.
Él no es amable. No es constante. No es claro.
Pero cuando me mira, me siento vista.
Cuando me habla, aunque sea entre mentiras, me siento deseada. Y en este mundo lleno de afectos correctos pero vacíos, eso a veces alcanza.
El me arrastra a un precipicio emocional y me borra las certezas
El que me promete belleza secreta en el desorden, y me da vida.
Entonces me pregunto...
¿Estamos obligadas a elegir lo sano aunque no nos sepa a nada?
¿O será que algunas estamos hechas para elegir mal hasta que el corazón se canse?
Todavía me falta romperme un poco más.
Todavia quiero desangrarme un par de veces antes de conformarme con alguien que no me acelere el espíritu
Quizá no se trate de elegir bien o mal ni de conveniencia, sino de elegirnos en medio del caos. Y si eso es un error, que al menos sea el mío.
Porque hay algo profundamente bello y agrio en amar con irracionalidad, que es vivir en el consuelo de la negación con esperanza y síndrome de salvación.
Por eso elijo quien me haga sentir borracha aún estando sobria.
-lala
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