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La espiritualidad como puesta en escena

Dec 13, 2025

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La espiritualidad como puesta en escena
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Últimamente me sucede que observo más.

No desde arriba, sino desde el cansancio de ver siempre lo mismo.

Los veo cada domingo, con su ritual de apariencias, cantando canciones sagradas mientras su alma se les escapa y la verdad queda guardada bajo capas de máscaras gastadas.

Hoy en día pareciera que creer está de moda.

Se cree para pertenecer, para llenar un vacío rápido, para sentirse del lado correcto sin tener que hacerse demasiadas preguntas.

Se cree en voz alta, con frases aprendidas, con versículos compartidos, con identidades nuevas que se anuncian como si creer fuera una etiqueta y no un proceso.

Los veo lastimando sin tocar, gritando sin voz, descargando sus vacíos en otros cuerpos cansados, en corazones que solo quieren paz.

Hablan de amor mientras juzgan.

Hablan de perdón mientras señalan.

Hablan de Dios mientras se olvidan del humano que tienen enfrente.

Yo creo en algo más allá.

Llamalo Dios, energía, conciencia, amor.

No vive en una iglesia,ni se activa un domingo.

No se prueba con canciones, ni se certifica con palabras.

Vive adentro.

En ese lugar incómodo donde nadie aplaude, donde no hay frases hechas que te salven de mirarte.

He conocido gente muy mala que “cambió” al ir a la iglesia. Eso dicen.Yo los sigo viendo iguales.

Los veo buscando poder, disfrazados de bondad, alimentando enemistades,disfrutando grietas y rencores, sin importar el costo que pagan los que aman.

Con la misma violencia, ahora justificada.

Con el mismo ego, ahora bendecido.

Con el mismo desprecio, camuflado de fe.

Porque cambiar no es gritar más fuerte ni levantar las manos.

No es repetir lo correcto ni pertenecer a algo más grande.

Cambiar es animarse a revisar la propia sombra sin usar a Dios de excusa.

Y eso duele.

Por eso muchos prefieren predicar antes que transformarse.

Los veo hacer de la vida un juego, un teatro de perfección. Los veo hacer daño y luego rezar.

La fe verdadera no necesita espectáculo.

No grita. No se impone. No humilla.

Se nota en los gestos chicos: en cómo tratás al que no piensa como vos, en cómo pedís perdón sin justificarte, en cómo sostenés sin prometer milagros, en cómo dejás de dañar aunque nadie te esté mirando.

Yo los veo, pero también me veo en el esfuerzo de no caer, en la lucha por no ser igual, en la elección diaria de no devolver el veneno.

No soy una santa, pero al menos sé quién soy, y no me muevo a costa del sufrimiento ajeno.

Y aunque su veneno a veces roce mi piel, aunque intente quedarse, yo no me vuelvo su reflejo.

Me sostengo en mi silencio, aunque a veces duela.

Porque aprendí que hay personas que no quieren sanar, que no buscan luz, sino aplausos, aunque vivan a oscuras.

Yo desconfío de las conversiones ruidosas y confío en las transformaciones silenciosas.

En el que duda pero cuida. En el que no sabe todo, pero no lastima en nombre de nada.

Porque si Dios existe, vive más en lo que hacemos que en todo lo que decimos.

Todo lo demás es discurso.

Yo los veo y me veo.

¿Vos también los ves?

Milagros 🌀

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