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La entrega | Mi prólogo

Pico

May 21, 2026

30
La entrega | Mi prólogo
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¿Por qué?


Hola, soy Nicolás Dominique, nombre de alias en principio por no ser reconocido por mi padre putativo, figuro en el documento a causa de él como Gonzalo Nicolás Fernández, aún sabiendo que me asquean mi apellido y mi primer nombre. Tengo veinte años, diría que estoy por cumplir los veintiuno en julio, el dieciséis: fecha especial porque comparto tal efeméride con mi abuela, con quien desde chico comparto todos y cada uno de mis hitos de nacimiento. Tengo dos hermanas menores, Celeste y Sofia, de catorce y quince años, en ese orden; y un hermano mayor, de veintisiete, cuya figura es más paternal que de hermano como tal. (No me quejo, fue un gran cimiento para mi bienestar y crianza).
Vivo con mis dos abuelos, jubilados, Raúl y Marta, cuyo matrimonio es disfuncional y parecen amar más odiarse de lo que podrían adorar el mero hecho de respirar. Pero no los juzgo, están hechos de madera vieja y en su itinerario nunca figuró la idea de separación o divorcio, ni ahora que duermen en habitaciones separadas y no pueden intercambiar dos palabras sin arrancarse los pelos el uno al otro.
Por mi madre luego habrán de preguntarse, el mayor vestigio de los altibajos que mi vida pudo tener a lo largo de la misma. Y por mi padre biológico ni se gasten, ni yo sé bien qué decir, sólo sé que puedo calumniar a quién creía hasta este año que lo era, y bueno, para ensuciarme la lengua prefiero guardarla, ahora que ya anuncié la misma está depilada.

Pasé por tres relaciones, tres nombres, tres mundos, tres formas de intentar (y fallar) en el arte de ser verdugo de la soledad de alguien. Me traicionaría si quisiera ocultar que cada una de estas personas tuvo un significado único pero no más ni menos importante cada uno que el otro. Y tal y como es, lo que yo creo, el iceberg entero de mi psicología y el comienzo y final de mis procesos de auto-análisis conductual y donde deposité mis mas grandes bolsas de residuo emocional (no intencionalmente), ameritan todo el protagonismo que les daré en los siguientes volúmene.
Empezando por Lau, mi primer vínculo y mi más inocente pero negligente desempeño para dar comienzo a mi camino por los vínculos sexoafectivos/amorosos; para continuar por Renata, la mayor huella de autosabotaje que puede haber en mi vida y el mayor símbolo que guarda mi cerebro sobre cuán dañino y ególatra puedo llegar a ser en términos de narcisismo y vinculación para-con otros. Para luego, finalizar por Nella (Antonella), el mayor manotazo de ahogado que pude dar en el peor de los destiempos, y también, a quién usé como ingeniera del desastre para autocastigarme por lo que no pude ser, dar ni soportar con las dos personas mencionadas anteriormente; soportando injurias y errores, y bailando yo sobre mi desidia una vez más, a fin de cuentas el mal accionar viene pegado a mí como una putísima sanguijuela.

Bien supo decir mi artista y escritor favorito (Jesús Fernández Pisa) "tú escribes en tu cuarto y yo me descuartizo"; como oda a tal nivel de frase, los invito a ver como me desarmo de afuera hacia adentro sin dejar punto alguno por desnudar.

Pico

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