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La entrega | El cuestionario

Pico

May 21, 2026

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La entrega | El cuestionario
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¿Tengo qué?


Lo lógico


A ver, por dónde carajos puedo empezar, ¿no? Quiero hacer de esta entrega una autopsia personal para indagar en qué momento me enfermé o tras qué negligencias, traumas u ocurrencias perdí por completo la cabeza hasta llegar al punto de poder decir abiertamente que no tengo conexión alguna con el mundo que habito ni con las personas que me rodean.
Si tuviese que indagar por lo familiar, empezaría hablando de mis episodios de violencia y de hiper-felicidad que manejé siempre en el vínculo que formé con mi mamá; bailando en todo momento encima del péndulo de los golpazos emocionales del abandono y las alegrías dopaminescas del verla volver, no sé, siempre jugué a ser escritor y hoy, hoy no sé...
Es casi satírico este punto de inflexión donde solamente me remito a hablar de mis puntos de inflexión anteriores. De qué y cuando fueron, qué significado o peso tuvieron y siguen teniendo (si aún pesan) y bajo qué nomenclatura me percibí víctima por tanto tiempo cuando solamente era un hijo de mil puta jugando a ser dueño de la vida de todos los que se me acercaban por el miedo que tenía a ceder el control en CUALQUIERA de los vínculos que la vida me presentó.

¿Tengo que ser feliz?

Válgame una mierda tal pregunta, siempre pensé que tenía que contestar que sí, sin importar el qué. Siempre dije que el fin justificaba cada uno de los medios y así terminé, en un callejón sin salida cuyo piso está hecho de arenas movedizas, y acá me ven, bailando como si nada tuviera que preocuparme.
Pero, sin embargo, todavía no puedo contestarme: ¿por dónde carajos tengo que empezar?

Supongo que seguir mordiéndome las uñas no me va a dar la respuesta así que, de tantos recuerdos que tengo desordenados (habiendo ya empezado por nombrar a la pelotuda de mi vieja) voy a pegar el salto directo a los vínculos amorosos. Las amistades pueden tener su espacio designado en cualquier apartado pero la mayoría de las que creé a día de hoy todavía me acompañan, sea en la lejanía o en la cercanía, aún lo hacen. Y de mi familia no puedo explicar mucho porque, a diferencia de cualquier otro tipo de relación, son las únicas personas en mi vida que NO pude elegir, así que sentarme a rezongar sobre lo que no estuvo nunca en mi control ni antes de nacer, es perder tiempo al pedo.

Lau:

Querida, estaba a punto de continuar el texto con un "tanto tiempo" pero ni tanto tiempo pasó desde que te vi, ni tampoco horas pasaron desde la última vez que te pensé, que, si bien recuerdo, lo hago todos los días de mi vida.
No es un bello cumplido que un ser tan ruin te recuerde todos los días de su vida como el primer apóstol de su propia e inducida caída, no me juzgues de antemano, no soy tan pelotudo como para esperar que al leer esto, lo tomes como un cumplido. ¡Qué verborragia traigo la puta madre!
Te conocí a principios del 2021 y me pegué a vos cual koala aferrándose al tronco de un árbol, eramos chicos che... supongo que no hay mucho que explicar sobre el proceso de conocernos y tengo que dejarle el trabajo a las hadas de lo espiritual y lo emocional que bien saben aquellas hijas de puta cuánta conexión y espontaneidad hubo en el acto de conocernos.
Durante meses, todo marchó de diez con ella, he de decirles que parecía que el mundo nos había hecho el uno para el otro, no sé si deba decirlo en tiempo pasado, no sé si ya pasó, sólo sé que ahí está. En el pasado. En ningún otro lado.
O quizás eso creía antes de verla en mi tercer intento de suicidio, en períodos de internación, de más está detallar esa parte ahora porque traerla a colación sería como querer construir una casa desde el techo.

Todo iba tan pero tan bien que, no podía estar tan bien. ¡La filosofía de mi vida! Maldigo a quién me hizo creer que no era merecedor de tanto pero más me maldigo a mí mismo por escuchar a ese quién, y hacer de nuestra relación algo todavía menos palpable que cenizas. Al rozar el año, decidí alejarme ante el primer vistazo de problemas, pues había yo descubierto que no era un ser invulnerable, ni mucho menos intocable o imposible de dañar; dentro de un vínculo tan fuerte y hermoso, los problemas me encerraban en una habitación hecha de paredes de sal gruesa mientras mi cuerpo sacaba de sí hasta la piel. Todo dolía, y dolía con creces. Pero nunca, nunca nunca pero nunca dolió tanto como lo que sentiría al arrancarme de tus brazos permanentemente, y la peor parte es que no me dolió nunca ver cómo te apegabas a los brazos y la boca de alguien más; me pesaba más la responsabilidad de saber que podíamos seguir trazando constelaciones a mano en un mapa de no ser porque yo era muy cagón.
Y así, todo lo que en algún momento fue un amor radiante, se volvió un cúmulo de emociones que llevaban todas al mismo camino: la culpa.
Creo, creo que ahí empezó todo, espero no equivocarme porque tengo el bisturí en la mano y ya empecé a cortar.

Adduca:

Mi cara principal del autosabotaje, me empecé a vincular con este ser de luz rondando finales de 2023, siempre en un vaivén y nunca bajo términos oficiales pues, bien sabía yo cuánto me dolía dejar la responsabilidad afectiva sobre mis sentimientos en manos de alguien más, y no porque haya tenido una mala experiencia previa anteriormente, sino porque yo ya venía dañado de fábrica.
Creo no haber conocido ser más puro de corazón que esta persona. Más real, más hambrienta de vida y más elocuente no pude encontrar a día de hoy (06/05/2026). Como sea, ahorrémonos los elogios, que sí bien camino con aquellos cayéndoseme del bolsillo como cualquier persona que quedó con un millón de cosas por decir y no dijo nada en el tiempo que correspondía, no es un espacio exclusivamente para eso.
Qué decirte loca, qué decirte...

O qué no, hay tanto y al mismo tiempo tan poco, tanto que quisiera y tanto que no debería, sos una contradicción empedernida. Todavía recuerdo tus ojos color ámbar y tu sonrisa absurdamente perfecta que parecía casi que esculpida a mano por los mismísimos griegos. Pero la putísima madre que me re parió, no sirve de nada autoatarme las manos para no halagar, todo lo que sobra es admiración y todo lo que falta son disculpas acordes.

Pero ya no pertenezco acá, te perdí en uno de nuestros firuletes donde yo cruzaba las líneas de lo indebido para romper tus semáforos en rojo y tus quehaceres y responsabilidades preestablecidas, en esos tiempos donde juraba no haría una más de mis pelotudeces y al mes me viste ensuciándome otra vez con el mismo rostro, con las mismas manos.
Aquel que pide perdón no tiene obligación de ser perdonado, pero yo ya no tenía ni el derecho. Para mí eras una diosa y yo estaba cometiendo sacrilegio uno tras otro.
Desde el dieciséis de marzo del año pasado, que pude escucharte reír por última vez y tocar tu cara de cerca como aquel que descubre la lana o la calidez del fuego y arrima sus palmas para sentir el cobijo de la fogata que tanto anhelaron en silencio, mi corazón no volvió a latir al mismo ritmo.
Creo que fue la última vez que sentí añoranza y pasión, y no, no lo creo, sé que fue así. Quizá y solo quizá abrazando ese dolor que hoy en día es puramente residual y memorial, pueda entender un poco mejor...

Nella:

No hay apartado en el que quepa, simplemente la representación terrenal del concepto "verdugo elegido" idealizada por mí y sufrida por los dos. La mayor cercanía al cielo y la mayor lejanía de la paz la tuve para-con ella.

Sin embargo, no es su culpa, entonces...
¿qué re mierda te pasó Nicolás?

Pico

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