Hoy quiero escribir sobre un tema que afecta a muchas personas en la sociedad actual: la comparación. En un mundo inundado de redes sociales y expectativas, es fácil caer en la trampa de compararnos constantemente con los demás. En estas líneas, contaré, desde mi historia personal, cómo la comparación puede afectar nuestra autoestima y, lo más importante, cómo he ido trabajando poco a poco para liberarme de este ciclo interminable de compararme una y otra vez.
Sé que muchos no lo dicen o tal vez no se habla mucho al respecto, pero yo pienso que gran parte de este sentimiento de compararnos surge de la dinámica que tenemos en casa con nuestra familia y de lo que se transmite en medios de comunicación. En mi caso, la comparación empezó en la niñez. Recuerdo claramente cómo mi mamá siempre comparaba mis calificaciones con las de mi hermano. Sé que pocos hablan de esto, pero si eres padre o madre, hoy te digo que una de las peores cosas que puedes hacerle a un hijo es compararlo con otro hijo o, en su defecto, con algún familiar.
Crecí y, siendo mujer, la comparación puede ser mucho más atroz. Las mujeres, sin darnos cuenta, a veces nos encontramos atrapadas en la búsqueda constante de validación y aceptación. Lo digo porque recuerdo que en mi adolescencia era delgada, mucho más bajita de lo que soy ahora y sin muchas curvas. Me tocó vivir situaciones en las que algunos chicos me despreciaban por eso. Mi autoestima se vio afectada; no entendía qué tenía que hacer para encajar o ser vista por quien me gustaba. A veces pensaba: ¿Por qué no existe una máquina que te ayude a tener el cuerpo soñado de esa otra chica?
Haciendo este ejercicio de escribir sobre esto, solo me doy cuenta de cuánto me ha destruido compararme. La vida va tan rápido que te hace vivir episodios en los que la comparación y la ansiedad pueden convertirse en monstruos feroces que te carcomen el alma.
No les voy a negar que la comparación todavía me acompaña. Está presente cuando quiero lograr algo y pienso en cómo van los demás y cómo voy yo con respecto a esa misma meta. Está cuando quiero comprarme un top, me lo pruebo y luego me siento mal al verme en el espejo porque no tengo ese abdomen plano, ese que se ve circulando por redes.
La comparación también aparece cuando pienso en cuánto me falta y veo que otros ya tienen aquello que yo aún no. Y no, no siento envidia; es más bien esa frustración que hunde el corazón al sentir las manos vacías, lejos de alcanzar aquello que tanto deseas.
Si me lees en este momento, probablemente dirás: “Vida, no te preocupes, eres una mujer hermosa y capaz”. Y sí, lo sé. Parte de hablar de este tema con mi psicóloga ha sido darme cuenta de que sí soy capaz de lograr muchas cosas. Lo recuerdo especialmente cuando hago el ejercicio de mirar hacia atrás. Eso me permite reconocer lo lejos que he llegado y en quién me he convertido.
Mirar hacia adelante es lo que importa, o al menos eso me repito cuando las dudas aparecen. A veces recuerdo una frase que me dice mi abuela: “Para atrás, solo para tomar impulso”. Y sí, es precisamente ese impulso de querer ser mejor cada día lo que me lleva a buscar soluciones para esos días donde me siento incapaz de lograr lo que quiero.
Tal vez esperas que te dé la fórmula exacta para dejar de compararte, pero hoy solo quiero compartir algunos consejos que me han estado ayudando a liberarme poco a poco: ve a terapia y sana; rodéate de gente positiva que te apoye y te ame por quien eres; habla cuando lo necesites con personas dispuestas a escucharte; practica la gratitud; camina; haz ejercicio; conecta con aquellas habilidades que te hacen feliz; y, sobre todo, abrázate.
Liberarnos de la comparación puede ser un proceso gradual, pero con estos consejos prácticos que me están funcionando, tal vez puedas empezar a cambiar tu perspectiva y valorarte más.
Recuerda: la vida es un viaje individual y cada uno de nosotros tiene un valor único que aportar. No caigas en la trampa de compararte constantemente. Y si alguna vez vas a compararte, que sea contigo mismo, para convertirte cada día en una mejor versión de quien eres.
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