LA COLINA
Las figuras reptaban con las caras casi pegadas al suelo. Cada tanto detenían su avance para detectar la presencia de algún francotirador oculto. Se arrastraron unos metros más hasta dejarse caer rodando hacia el fondo de un gran cráter de mortero.
-Todo parece tranquilo- susurró Paul.
-Mira, la señora Robinson sacó a pasear a su perro- exclamó Dave, señalando hacia la vereda despareja de la calle Arlington.
- ¡Arrójate al suelo! …¿Quieres que nos maten?... ¡Concéntrate en el combate! - le susurró Paul haciendo un ademán a Dave para que se tirara cuerpo a tierra.
-Yo la vi desnuda- afirmó Dave.
-¿Y cómo fue?- preguntó Paul olvidándose del combate.
Dave dejó a un costado su rifle con culata de madera, y achicando los ojos, relató:
-Volviendo de la Plaza Franklin acerté a pasar frente a la ventana de la señora. La ventana estaba abierta de par en par, y me dio curiosidad mirar hacia adentro. Al observar el interior, vi al fondo de un pasillo un gran espejo que reflejaba desde el baño la imagen de la señora Robinson, desnuda y secándose con una toalla.
-¿Y le viste todo?
-Solo un poco, el toallón tapaba casi todo.
Luego de un breve silencio, Paul confesó:
-Yo vi desnuda a Betty Childs. A ella se le había muerto su hermanita bebé. Recuerdo los gritos pared de por medio. Entonces fuimos a ver que sucedía, y allí estaba la beba, parecía una muñeca inmóvil con los ojos duros y la mirada ciega. En fin, meses después, subido en el techo de casa la vi a través de la claraboya de su baño.
-¿Y qué le viste?
-Muy poco, el vapor de la ducha la tapaba casi por completo.
Dave esbozó una sonrisa burlona.
-¡De qué te ríes! ¡No conozco a esa tal señora Robinson… de seguro tu mentiste!
-Y yo no conozco a ninguna Betty Childs, así que estamos a mano- retrucó Dave.
-Paul miró a Dave y con seriedad exclamó:
-Siempre delirando tu.
-Me cansó este maldito y extraño juego…
-¡Qué juego ni que ocho cuartos! ¡Debemos tomar la colina antes que caiga el sol!
-¿Y Alfred?... sin su apoyo de fuego no podremos seguir avanzando- preguntó Dave.
-Allá, tras aquella montonera de piedras- respondió Paul señalando hacia su costado izquierdo.
Dave miró hacia donde había señalado Paul, y vio a Alfred apenas asomado tras un montón de hierros retorcidos del que sobresalía el esqueleto de un oxidado triciclo.
-El plan es este: Alfred nos cubrirá con su ametralladora mientras tú por el flanco izquierdo, y yo, por el derecho, avanzaremos disparando a todo lo que se nos cruce… ¿has entendido?
Dave afirmó con la cabeza mientras observaba cómo la tarde, rojiza y crepuscular, pintaba las casas y los árboles linderos a la desierta y amplia explanada. En eso se oyó un lejano tableteo de ametralladora acompañado de un reguero de impactos que fueron golpeando en la tierra suelta hasta alcanzar el lugar donde se ocultaba Alfred.
-Alfred… ¿me escuchas?... ¡responde amigo! - exclamó Dave mirando hacia la montaña de hierros viejos.
-¡Maldita sea!... ¡lo mataron! - exclamó furioso Paul.
-Querrá volverse a su casa-, opinó Dave.
Fuera de sí, Paul tomó a Dave de la camisa y dándole un zamarreo, le dijo:
¡No sé qué te sucede, pero por una maldita vez hazme caso…¡debemos tomar la puta colina!… ¡si nos volvemos, los japs nos darán por la espalda, y si nos quedamos aquí vendrán a cazarnos no bien oscurezca!
-¿Entonces?
-Entonces subiremos disparando hasta silenciar la maldita ametralladora.
-Ufff…está bien…
-A la cuenta de tres… uno, dos…
-¡Espera!... ¿y si lo dejamos para mañana?
-¡No, maldita sea!...¡basta ya!... uno, dos… ¡vamos!
Ambos surgieron del cráter y corrieron colina arriba apuntando con sus rifles mientras una andanada de balas salpicaba el suelo por doquier.
De pronto Paul trastabilló cayendo de bruces, y unos metros más adelante Dave soltó su rifle y se desparramó como un saco de plomo golpeando el suelo. Allí quedaron, silenciosos e inmóviles.
Desde la cima de la colina, confundido, el teniente Sakayama miró de nuevo con sus prismáticos. Tenía la impresión de que eran dos niños a los que habían abatido.

Roberto Dario Salica
Roberto Darío Salica Escritor de Córdoba, Argentina. A la fecha, ha publicado cinco libros, uno de cuentos para niños, poemas, relatos de la infancia y de relatos fantásticos.
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