¿quién soy para decirte la manera correcta de hacer las cosas?
para mí lo correcto era quererte y buscarte eternamente
para vos lo correcto era huir para no herir
no logro descifrar que es lo que me ata a vos
a tus pocas, casi nulas, ganas de mí
¿qué es lo que falta para poder lograr que se acabe está distancia entre los dos? ¿cuánto más tengo que darte?
me entregué a más no poder
traté de conquistarte con mi piel, convertirla en la dulzura anhelada por tu tacto
pero siempre supe, desde el primer día, que jamás iba a poder plasmarte de mi esencia, porque nunca quisiste conocerla
te bastó con eso, con saber que soy débil a tu deseo terrenal
con saber que estaba dispuesta a entregarte mi carne las veces que lo pidieras, sintiéndote como misericordia
y siempre supe, que ibas a despreciar mis huesos
a despreciar las consecuencias de tu lujuria, la que combinas con dulzura
la dulzura que emanabas cada vez que tus manos pasaban por mi pelo, pretendiendo ordenar el desastre que generabas en mí
y la lujuria de tus manos tocando cada centímetro de este cuerpo que no hace más que implorar una última vez
una última vez llena de falsa ternura.
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