A veces no hay adiós,
solo silencios inquietos
que llevan el nombre
de quien ya no está.
Tal vez por errores suyos,
tal vez por los míos,
por no darte el abrazo
que tanto merecías.
Ahora solo me quedan los recuerdos
y esas sonrisas
que se quedaron suspendidas en el tiempo.
Perdón…
lo repito en voz baja,
por no entender que sufrías,
por no ver que te escondías
detrás de una cruel amiga
llamada bebida.
¿Te llevaste todo contigo
o soy yo
quien ya no sabe habitar esta casa?
No entiendo por qué se siente tan vacía
si aún guardo tu voz
en cada rincón.
Hoy escribo estos versos solo para vos,
para decirte que te quiero,
porque aquel día
no supe hacerlo.
Y con eso dicho me despido,
dejando estas palabras sobre la mesa
como el abrazo que nunca te di,
aprendiendo demasiado tarde
que el amor también necesita decirse.
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