Gastón está sentado en la parada de colectivo sabiendo que llega tarde a su práctica de futbol. Su mama no lo puede alcanzar porque está trabajando y tampoco le alcanza la plata para pedirse un auto, así que no le queda más opción que esperar y juntar fuerzas para enfrentarse a la reprimenda de su entrenador. De todas formas, él está muy agradecido por entrenar en un día soleado y no después de una tormenta, cuando el barro le hace imposible jugar bien. Pero se le complica soportar el calor, más de veinticuatro grados como indicaba su teléfono. Tantea en el bolsillo de su mochila y busca la botella de agua, la abre y se la lleva a la boca, no hay nada. Por culpa del apuro se olvidó de cargarla antes, tendrá que rellenarla en la administracion del club. Con esa mala suerte siente que la espera va a ser interminable.
A los pocos minutos, en la vereda de enfrente, sale una chica con una bolsa de consorcio grande y que apenas puede levantar con las dos manos. Parte del trayecto de la puerta a la reja lo lleva a rastras y en pocos pasos logra levantarlo apenas unos centimetros para después dejarlo caer sin fuerzas. Ella se pasa el dorso de la mano para sacarse algunos mechones morochos de la cara y después busca en uno de sus bolsillos del short para sacar un tubo azul con pico rectangular hacia fuera, lo agita y se lo lleva a la boca. Gastón ve toda la situacion y sale como un resorte de su asiento para ayudarla. Le pregunta si está bien y ella después de terminar de usar el paf asiente con la cabeza, después él señala la bolsa como pidiendo permiso para cargarla. Ella dice que si, que no puede sola. Gastón toma el nudo de la bolsa y la levanta con cierta dificultad, usa las dos manos para trasladarla en poco tiempo hacia el tacho de la vereda. Apenas lo deja nota que las manos están sucias de color negro, la chica se acerca por detrás y le agradece la ayuda a la vez que le pregunta si quiere lavarse las manos en la cocina. Él, con toda su ingenuidad, acepta. Pasa la entrada y pide permiso para cruzar la puerta principal, ella asiente con un movimiento de la mano. Le indica que la bacha de la cocina está a su derecha, todo el ambiente se presenta limpio, hay olor a lavandina. Era una cocina espaciosa con una larga mesada y bacha doble de metal reluciente. Saca un poco de detergente y se enjuaga bajo el chorro de agua fría, después aprovecha para mojarse un poco los brazos y la cabeza hasta sentirla correr por el cuello. La chica está parada en el umbral con un vaso de agua llena de hielo y Gastón se relame los labios, y se acerca a aceptarlo. Pero un segundo después todo se oscurece. Un golpe seco en la nuca lo deja inconsciente en el piso, una mujer robusta lo mira seriamente mientras sostiene un adorno macizo de lobo marino con una mancha roja en la tropa. Le pide a Gretel que prepare la olla industrial y traiga la motosierra del garaje, la chica asiente con la cabeza y sale corriendo como alma que lleva el diablo.
Ya es de noche y la cena está preparada, madre e hija sentadas en la mesa con sus porciones de carne rosada y tallarines con salsa de tomate. La mujer adulta come con gusto mientras agradece a Dios y a su hija con la boca llena. La chica intenta tragar el primer bocado, pero le cuesta por el nudo en la garganta, donde se alojan las lágrimas de la culpa.
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C. R. Gotta
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