Solo confieso,
ojalá retroceder el tiempo,
no para cambiar algo,
solo para reproducir
el día en que te conocí
y acosté mi corazón roto
a lado de tu soledad.
Hoy no puedo dormir
porque no he logrado despedirme,
porque temo arrepentirme
al ver cómo una vez más
me dices ¿ya te vas?
Como si ocultaramos la inocencia
de saber que no soy
la única a quien saludas y despides.
Nunca pude hacerme tu semejante
para mudarme en tu cabeza.
Para costear tu corazón por un abrazo.
Y es por eso que hoy
necesito viajar al pasado,
antes que acomode las piezas,
antes que me retengas,
antes que te quiera tanto.
Dormir a tu lado,
besarte a la mañana
y despedirme.
Como si nada hubiera pasado.
Como si un extraño
no fuera a apoderarse
de los siguientes cinco meses,
cuatro sentidos, tres cerebros,
dos ojos y mi única boca.
Gracias por demostrarme
que no cuesta nada
tenerme consideración,
que la ternura
no se mendiga ni se fuerza,
que más allá de nuestra soledad,
nuestra humanidad
contiene una casa
aunque sea temporal
para toda aquella alma genuina
que se acerca
Entendí que a veces
los besos deben
terminar en su nacimiento,
que la intimidad no es física,
que algo puede ser real
y no tiene que ser eterno.
21/06/2025
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