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Todavía ahí

Mari

Jul 8, 2025

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Todavía ahí
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Mi más grande placer es archivar recuerdos. Guardarlos, uno al lado del otro, abrazados, juntando polvo, pidiéndome a gritos un poco de luz. Ahí están, estáticos, sin percibir el paso del tiempo ni de las estaciones; los días tienen ocho mil setecientas sesenta y seis horas y nada los perturba, porque a los recuerdos no les importa el futuro. Viven, porque si, siempre en el mismo lugar, sintiendo lo mismo, pensando lo mismo. Yo me cansé.

Una mañana abrí la caja. La limpié y separé las pistas de nuestros encuentros; tickets, cartas, notas, envoltorios de golosinas, sobras de alegría que no puedo realmente ver como sobras porque hasta a lo más obsceno yo lo considero un tesoro. Pero la prueba de qué pasó está acá, en esta caja, y si no puedo personificar tu alma quizás puedo intentar traer a la vida a la nostalgia.

Podría haber inundado a esta caja de lágrimas, pero tengo las ideas bien claras. Cada momento sigue dentro de mí, y los llevo a todos los lugares a donde voy. Así que, esta vez, Vacío el contenido de la caja en una bolsa y la llevo a la calle.

La caja ahora guarda sahumerios, velas, frecuencia energética que yo sola soy capaz de notar, y se va a perder en el espacio-tiempo; son pocos los capaces de conectar con nuestra urbe vibratoria, ellos van a notar las chispas de aura gris oxidada, enfermiza, a punto de partir, y se van a ir de mi casa con un dolor de cabeza.

Una tarde como cualquiera voy a trabajar. Apoyo la tarjeta en la entrada, lee el chip y me deja pasar. Todo, acá, en la empresa, en la vida, es muy moderno, y a mi se me ve el pasado en los ojos. Hay una nueva, en mi trabajo. Le regalaron una canasta llena de golosinas y le pido un chocolate, después me quedo con el papel, porque este hábito de coleccionar recuerdos permanece y pienso que quizás le puedo devolver la vida a la caja, con otras personas, otras miradas, otras energías.

Todavía me estoy recuperando del despido de mi compañero, que tiene un hijo muy chiquito y lo dejaron sin nada. Tengo una notita que dice ‘‘revisar liquidación de abril’’, liquidación con s, porque tiene muchas faltas de ortografía y nunca fue problema hasta que de repente, después de 5 años, si fue un problema. De vez en cuando miro el papel amarillo diminuto que me pide revisar la liquidación 3 meses después, para recordarme que nada es realmente tan inalterable como parece. Nada es permanente.

Paro en el quiosco a comprar un encendedor y la chica imprime el ticket dos veces ‘’no sé qué le pasa, me van a matar por esto’’, y mientras aprieta frenéticamente los botones del Postnet me di cuenta que a la mañana también le escribí una carta a mi mamá por su cumpleaños, y a la notita de Nicolás pidiéndome la liquidación de abril me la guardé en el bolsillo.

El envoltorio del chocolate, la nota, el ticket, la carta. Tengo fantasías utópicas en las que te puedo coser, como a una muñeca, con aguja, hilo y recuerdos hasta volver a tenerte presente y llevarte a todos lados o guardarte en la misma caja, o que toda la fuerza de mi colección te de vida, divina, y salgas caminando. 

Ya no sos un individuo sino estás hecho de elementos, y si los junto quizás realmente logro completar el rompecabezas de vos y quedarme con tu doble, eternamente. No pasan los días, ni los meses, ni los años, los intervalos del tiempo se miden con lo que encontré en otros de vos y quizás si los sostengo en mis manos y cierro los ojos, puedo llegar a ver a tu sombra.

Si junto al envoltorio, a la nota, al ticket, a la carta estoy segura de que soy capaz de replicar a tu alma, no estás en cuerpo, pero estás en mis plegarias encarnadas; voy a seguir juntando recuerdos para no quedarme sin nada y coleccionar espíritus.



Mari

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