de alguna forma me tiembla el pecho.
encuentro huellas en mi sangre
de un asesino fugaz que ronda.
me arranca de un voto de silencio.
ya no ruego por mi vida. inhalo, no grito.
intento atrapar aire en mis pulmones,
contener susurros espantosos
para que no se cansen y desprendan.
odiador impulsivo a la idea
de no saber pedir auxilio,
de poseer un rostro que no se lee.
sin ser poema no es oído.
brotan espinas de mis cuencas
y ruego duelan más que el llanto.
pero, poco se comparan al silencio
de una agonía perforante.
desearía no habitar sola el prado,
caída, como el trigo tambaleante.
¿resonará calma si alguien me piensa?
cómo extraño los días en que no era nadie.
debo prender una blanca vela.
rogar al padre "perdona mi culpa".
ojalá así disipar, sin exaltarme,
esta soledad mía que me clava las uñas.
me entierra un pozo seco, lleno,
donde almaceno palabras sin refugio.
se tiñen para evitar visitas, preguntas.
y mi timbre se desquicia en el vacío.
qué miedo. por dios, qué miedo.
vivir una vida alzada en propuestas
que nunca se parecen a mi versión futura.
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