Mi amada Julieta,
el tiempo y la distancia se entrelazaron
en el hilo inquebrantable del destino
interfiriendo que en lo que pudo ser escrito
el final merecido
y las cartas se encuentran varadas
escritas con esperanza
de que prestes tus palabras sabias
a la inquietud del mar, encapsulada.
Como la profecía que oyes
en la quietud de la noche,
mientras tengas en poder tu juventud
la utilizaras para alejarte de la soledad
total, seras correspondido
ignorando que así mismo
la mejor compañía puede ser el silencio más desgarrador,
siendo mi perdición, la suya o la de los dos,
no importa si su sombra ahí se encuentra
como una promesa de Peter Pan
todo el mundo a tus pies se podrá extraviar
aunque el tiempo aliente desde las gradas
y cupido sabe lo que hace
cada que escucho “amor”
siento como el tablero remarca el cero,
aquello no me posiciona detrás de ellos,
¿pero porque siento que sigo perdiendo?
que me falta tildar un casillero
para la lista de “todo lo que deberías hacer antes de tus 18”
Mi dias son un vaivén de ilusión y temor
anhelo experimentar dicho sentimiento
que deja un sabor a caramelo cada vez que lo pienso,
pero si vislumbro la posibilidad de entregarme de lleno a él
me paraliza el miedo
terminando por sabotear cualquier oportunidad de decirle que es solo mio.
Me niego rotundamente a comenzar algo con el susodicho
bajo la premisa de no saber amar
como si tal habilidad se adquiriese mediante un manual.
Lo más probable es que lo lastime
y es el joven más noble
amable y genuino que llegue a conocer
por eso se merece la mejor opción,
y no estoy cerca ni del millón.
Mirando hacia arriba
a costa de mi tinta
la solución fue escrita,
resaltando la premisa.
Daré un paso en frente
cuando su corazón asegure
con la valentía necesaria para no alejarlo
cuando lo que mas quiero es agarrarnos de las manos
y repetirle tantas veces sea necesario, cuanto lo amo.
Todo esto que te digo
cada vez se ve más lejano
y el anhelo más cercano.
Hasta contuve mi amor
porque parece ajeno a mi esencia,
¡Qué descaro!
solo es esa niña desconfiada,
que en esa lagrima de antaño permanece oculta
reteniendo la palabra en las puntas de mis dedos,
y lo sabrás porque por cada roce hallarás el pulso
que dilata mi pecho, casi hasta estallar
cada vez que por amor muero.
Te confieso, Julieta
que el problema solo en mi se encuentra
me hallo en un abismo temerosa de dar el salto
y no distingo que lo provocó
tal vez llevo conmigo una maldición.
Ojala, el viento nos haga un favor
y te haga llegar mis palabras,
pero es el que en la oscuridad nos dejó sin aliento.
Espero me des la claridad que necesito
y que la vida te trate de maravilla.
Con un inmenso amor y gratitud,
te saludo, mi más preciada amiga.
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