De letra me enveneno,
todas las trago,
desaparecen
y no dejan rastro.
“Simulemos que somos infinitos”
El fin se acerca
y ellos lo han de saber.
No te lo diré
pero aquella lámpara
se mantendrá encendida.
Me enseñaron en vano
“No anheles lo que el viento
te ha de quitar”
aún me queda vida por aprender.
El abismo es visible.
La caída, probable.
Mi llanto se esconde
y tu en la noche te irás.
Las promesas no están escritas,
ni hay convenio alguno.
Tal vez de ahí emana la magia,
del no ser nada.
Traidor,
amante,
hermano,
hijo.
Si he de ser,
permítemelo.
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