Había una vez una persona y esa persona era una mujer y esa mujer se llamaba Juana, Juana Contra.
Nació de un oído en año bisiesto, el partero fué un verdulero.
A Juana Contra no le gustaba el helado, ni el dulce de leche, ni las milanesas con limón. Tampoco le gustaban las cosas de jamón, ni queso, pero sí el roquefort. Tomaba mate dulce y a veces no hablaba español. Decía que la pizza le cansó y las cervezas las tomaba por presión.
Juana Contra siempre estaba en contra, si alguien decía que no, ella decía que sí, si alguien decía que si, ella decía que no.
Juana contra prefería leer a correr, prefería los beatles al chamamé, dormía la siesta y nunca, pero nunca, tomaba el té.
Juana Contra siempre estaba en contra, si alguien decía blanco, ella decía rosa y si alguien decía rosa, ella decía negro.
Juana Contra contra el mundo creció y nunca nadie la comprendió. Decían que ella era contrera por profesión pero, por el contrario, ella afirmaba que era contrera de vocación.
A veces pensaba si era algún tipo de maldición, la gente decía que era por mala educación.
Entonces Juana Contra un día se entristeció, pero cuando le preguntaban si estaba triste, ella respondía que no. Así que un día fué al doctor pero nunca compró lo que éste le recetó y una curandera la mandó a meterse en alguna religión.
Juana Contra nunca creyó en ningún Dios, decía que nunca se arrodillaría por alguien que no le devuelva la arrodillación.
Juana Contra amaba los días de lluvia, humedad y precipitación. No miraba los partidos del mundial y aunque no se pudiera, le encantaba bailar el himno nacional.
Juana Contra siempre estaba en contra, si alguien decía por arriba, ella iba por abajo y si alguien decía por lo bajo, ella lo gritaba por encima.
Juana Contra siempre estaba en contra, si alguien decía derecha, ella decía izquierda y si alguien decía izquierda ella decía que nunca por la derecha.
Juana Contra siempre estaba en contra, quería lo que no podía tener y conseguía lo que le decían que no podría conseguir.
A Juana contra no la quería mucha gente porque no les seguía la corriente, si estaban tranquilos, ella andaba a 220. Juana Contra siempre estaba tan en contra que la gente se empezó a poner en su contra y eso tan mal le pego que un día pasó lo peor, Juana Contra en su propia contra se proclamó y al ponerse en su propia contra, empezó a no estar tan en contra del mundo, pero eso la destruyó.
Juana Contra empezó a olvidar todo aquello que en sus adentros formó y su cerebro un poco se estramboliqueó, ahora si alguien decía no era no y si alguien decía que sí era sí.
Juana Contra aún más entristeció, pero ya ni ganas tuvo de ir a ver al doctor.
Juana Contra pensó que ahora su nombre tenía que ser Juana a favor, pero no le producía la misma satisfacción, su mamá a los cinco años Juana Contra la bautizó porque la cansó con tanto llanto y manifestación pero al decirle “¡Que Juana Contra que sos!” nunca más lloró.
Hasta ahora, por los ojos de Juana Contra agua cayó, en frasquitos gota a gota sus lágrimas guardó porque pensó que el baño de su interior rebalsó y no quería perder más de lo que ya perdió.
A Juana Contra le aburría no hacer la contra, porque decía que complacer al mundo no hacía la revolución, Juana Contra por el contrario a lo que era, en una sumisa se convirtió.
Juana haciendo honor a su nombre se volvio loca, sentía que tenía una cinta invisible en la boca, pero ella sólo quería amor, ese que siempre le falto y sabía que dando la contra le provocaría un agudo dolor pero al contrario, no contradecir y no decir lo que realmente quería decir era lo que más la llevaba a sufrir.
Juana Contra un día se hartó, agarró sus frascos de lágrimas y uno a uno se los escabió, se emborrachó y no quebró, al contrario, sintió el amor, ese que siempre le faltó y ahí entendió que ella no necesitaba ningún amor más que el de su propia contradicción.
Y esa fué la historia de cómo Juana Contra contra su propia cabeza luchó.
Nunca más supe de ella, pero a veces algún que otro vecino la nombra, algunos dicen que se fue al río y vive en un bosque encantado con sirenas y hados que hacen lindos bordados, otros que viaja de pueblo en pueblo en su renoleta dando la contra con su impronta bien coqueta hasta que la requetecontra fletan. Otros cuentan que ahora es cuentacuentos y poeta, que escribe cuentos malos en su contra sólo para narrar ésta terrible faceta.
Por mi parte, yo creo que Juana Contra sigue a contracorriente, que ahora sabe quién merece sus contradicciones y quien no, porque si antes era vocación, al perderse, para encontrarse se profesionalizó.
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