Nacieron con pétalos en los ojos,
con raíces suaves buscando cielo,
soñadores de tierra tibia
y lluvias que no juzgaran.
Pero el mundo les gritó concreto,
les pidió espinas en vez de aroma,
les exigió crecer rectos,
sin curvas, sin colores, sin demora.
Y así, uno a uno,
fueron doblando sus tallos
para caber en macetas ajenas,
olvidando que eran campo abierto.
Algunos aún guardan semillas
en el rincón más hondo del pecho,
esperando una estación
que no tenga prisa.
Porque no todos los jardines florecen,
no por falta de belleza,
sino por exceso de ruido.
Y en ese estruendo de exigencias,
de relojes que no esperan,
de voces que no escuchan,
se pierden los brotes más suaves,
los que pedían un poco más de sol,
un poco menos de prisa.
Se quedan atrás los que hablaban en
colores, los que creían que el viento
podía ser hogar, los que no sabían
fingir raíces cuadradas.
Y así, el mundo sigue,
sin notar que va dejando atrás
a los más valientes:
los soñadores,
que aún con el alma hecha flor,
no encontraron dónde florecer
sin tener que dejar de ser.

Aleja
Para aquellos amantes de las flores que buscan un reflejo en sus pétalos: sensibilidad, fragilidad, belleza y fuerza. 🪷
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