Me asusta que me gustes tanto.
No tiene sentido.
No es proporcional.
No es lógico.
Es hasta antinatural.
Y sin embargo
acá estoy,
pensándote más de lo que debería.
Me siento patética.
Un poco aburrida
y más torpe de lo normal.
¿Cómo se deja de pensar en alguien
que ni siquiera se vio de frente?
Quisiera la receta.
El antídoto.
El hechizo inverso
para desenredarme.
Porque algo hiciste —
o algo imaginé—
que me dejó suspendida
en esta expectativa absurda,
como si no hubieras sido casualidad
sino una grieta del destino.
¿Te daría miedo
saber cuánto te pienso?
¿Te asustaría
la magnitud silenciosa
de todo esto?
No es obsesión, te lo juro.
Es una pregunta abierta
que no me deja en paz.
Y lo peor
es que no sé
cómo dejar de sentir
lo que siento.
¿Es deseo?
¿Es intuición?
¿Es solo mi cabeza
jugando a inventarte?
¿O sos vos
tocando algo en mí
que no sabía que seguía existiendo?
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