De mi pecho brotan llamas
al ser herido mi estúpido y torpe ego.
No es una flecha, ni una espada;
es menos que una bala: son palabras.
Rompen el silencio y crean
ecos en mi mente.
Y no distingo ya si es el ruido de las voces
o del fuego que hay en mí
el que me hace enloquecer.
Quiero morder, gritar, arañar, golpear,
inclusive matar —¿Es esta la realidad?—,
pero se detienen mis impulsos
cuando la dulce voz de la razón acaricia el puñal que porto
en vez de arrebatármelo.
Podría azuzarme y hacerme rabiar;
sin embargo, sensatas son sus creencias,
haciendo que la calma de mis ojos
sea la misma que la de mi ser.
Tiemblan mis manos
al escribir esto.
Lloran las letras al plasmar las inverosimilitudes
que, para fortuna mía, no son más
que delirios impropios de mi personalidad.
La iracundia es impropia de mí,
pero nace en mi sangre
cuando soy ultrajado.
Adiós, iracundia;
pues la cordura se encuentra en mí.
Adiós, iracundia;
pues no sería yo si me envenenase
con frases.
Adiós, iracundia;
adiós.
PD: Seguidme en Instagram y Tiktok <3 @unalbatr0s
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

.png-reduced-kB6hC2)
Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión