Inventario
Aug 6, 2026
La transición no tiene calendario, pero mi ansiedad sí,
y me exige una fecha que nadie puede darme.
Cada mañana me miro con más detalle que ayer,
con un zoom que nadie me pidió hacer
y donde antes veía una cara, ahora veo una lista:
esto ya está, esto todavía no, esto tal vez nunca.
Mi cabeza es experta en matemática,
calcula cuánto falta y siempre le da un número muy alto,
me dice que a este ritmo, para cuando llegue,
ya no me va a importar haber llegado,
o incluso peor: quizás no llegue.
Y no es que no avance. Avanzo,
pero avanzar despacio se parece demasiado a no avanzar.
Cuanto más me miro, más encuentro.
Antes había una cosa que no me gustaba;
ahora hay un inventario
que crece más rápido que los cambios,
porque mirar con lupa siempre descubre más
de lo que soy capaz de abarcar.
Y descubro sola que la transición no es solo
hormonas, tiempo y médicos,
sino aprender a convivir con una mente
que corre más rápido que el cuerpo
y que confunde la espera con la derrota.
Finalmente, la tarea mas difícil es
quererme ahora, en este cuerpo intermedio,
en esta versión que todavía no es
pero que ya está siendo,
sin soltar, mientras tanto,
la imagen que sueño para mí.
Y quizás eso también sea la transición:
aprender a existir mientras todavía estoy llegando a mí.
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