Me arrepiento…o tal vez no.
Tal vez el arrepentimiento
es demasiado limpio
Nunca...
debiste conocer a mi familia.
Mamá
Nunca...
debió llamarte hijo
con esa ternura que reservaba
para las cosas
que quería proteger del mundo
mientras tú aprendías lentamente
la arquitectura exacta
de nuestras debilidades.
Papá
Nunca
debió considerarte un amigo.
nunca debió sentarse contigo
a vaciar botellas
mientras vaciaba
también la garganta llena de secretos
que jamás le cuenta a nadie
nunca debió mirarte
con esa confianza limpia
de hombre bueno que todavía cree en la gente
nunca debió hablarte
de sus miedos,
de sus noches rotas,
de la angustia de perderme,
del terror silencioso
de verme destruida
Mi hermano
Nunca
debió confiarte sus heridas,
ni entregarte esas confesiones
que uno solo le dice
a quien cree
incapaz de traicionarlo.
Mis primas
Nunca
debieron reírse a tu lado,
ni confiarte sus secretos,
ni hablarte de sus amores rotos,
ni de las cosas que sólo se cuentan
cuando alguien ya es familia.
Mi tía
Nunca
debió abrirte su corazón.
nunca debió contarte
lo rota que estaba,
ni dejarte entrar
en esos dolores
que apenas
podía decir en voz alta.
nunca debió compartirte
su risa pegajosa,
esa que llenaba la casa
incluso en sus peores días
No merecías
su confianza
ni su cariño.
ni la forma tan humana
en que intentó quererte
Y yo…
Dios.
Yo jamás debí hacerlo.
Nunca
debiste viajar con nosotros,
reír en nuestra mesa
dormir bajo nuestro techo
como si hubieras nacido aquí,
como si la sangre
pudiera adoptarte.
Nunca
debiste subirte a la cama de mamá.
Esa cama era sagrada.
era el único lugar
donde el mundo
parecía menos cruel,
y aun así
dejaste tus huellas ahí,
como una profanación silenciosa.
Mi familia
Nunca
debió consentirte tanto
nunca debieron dejarte entrar
tan hondo,
tan dentro,
tan peligrosamente cerca
de todo lo que amo.
No debiste aparecer
en las fotos familiares
sonriendo como si pertenecieras.
Ahora cada fotografía parece un cementerio:
todos vivos,
y aun así
algo muerto en el centro.
ahora no puedo mirarlas
sin sentir que estoy viendo la escena de un asesinato
antes de que ocurra.
No debías entrar a mi casa
como si fuera tuya,
abrir la nevera,
recostarte en los muebles,
caminar descalzo por los pasillos
donde crecieron mis recuerdos.
No merecías habitar mi hogar.
porque un hogar
no es paredes
es confianza
y tú llegaste a destruirla
desde adentro,
como hacen las plagas.
Y aquel templo…
Dios mío
aquel templo.
Nunca
debiste pisar el lugar
donde descansan las cenizas
de lo más sagrado
que he amado.
no merecías estar ahí.
mo merecías
el silencio de ese lugar,
ni su paz,
ni sus muertos.
No debimos hablarte
de aquella mujer
la columna vertebral
de esta casa
la herida más sagrada
de esta familia
no debimos contarte
cómo nos destruyó su ausencia,
cómo todavía
lloramos su nombre
como si acabara
de morir ayer
No merecías
saber quién era
ni tocar con tus manos
llenas de ruina
un recuerdo tan limpio.
Hay personas
que contaminan incluso lo sagrado
solo con existir demasiado cerca.
tú
eras una de ellas.
Ahora
todo se siente manchado por ti
la mesa donde comías
las risas
las canciones de los viajes
las conversaciones de madrugada
las paredesde mi casa
las manos de mi madre
la confianza de mi padre
mi propia memoria.
Te metiste
tan profundo en mi vida
que arrancarte de ella
ha sido como intentar sacar vidrio
enterrado en carne viva.
Todos
te quisieron
todos.
te abrieron la puerta,
te dieron un lugar,
te hicieron parte
de algo hermoso
y tú respondiste
convirtiéndote
en la desgracia que mi padre temía.
Quisiera arrancarte de esta casa
de sus paredes
de sus muebles
de las risas que dejaste regadas en los pasillos
de las fotos donde apareces
como una mancha imposible de borrar.
Quisiera sacarte del comedor,
de las madrugadas,
del eco de tu voz
todavía vivo
entre estas habitaciones.
A veces pienso
que nunca debiste conocernos.
pero hay noches más crueles
donde pienso algo peor:
que tal vez
la que nunca debió existir en tu vida
era yo.
Porque desde que entraste aquí
mi hogar
dejó de sentirse hogar
incluso para mí.

Fer
Nunca aprendí a domar la nostalgia de este cuerpo adicto a tu ausencia. Rezo por tu ternura y repito tu nombre como un padre nuestro fúnebre frente al vacío.
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