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Intruso

Fer

May 16, 2026

3
Intruso
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Me arrepiento…o tal vez no.

Tal vez el arrepentimiento

es demasiado limpio

Nunca...

debiste conocer a mi familia.

Mamá

Nunca...

debió llamarte hijo

con esa ternura que reservaba

para las cosas

que quería proteger del mundo

mientras tú aprendías lentamente

la arquitectura exacta

de nuestras debilidades.

Papá

Nunca

debió considerarte un amigo.

nunca debió sentarse contigo

a vaciar botellas

mientras vaciaba

también la garganta llena de secretos

que jamás le cuenta a nadie

nunca debió mirarte

con esa confianza limpia

de hombre bueno que todavía cree en la gente

nunca debió hablarte

de sus miedos,

de sus noches rotas,

de la angustia de perderme,

del terror silencioso

de verme destruida

Mi hermano

Nunca

debió confiarte sus heridas,

ni entregarte esas confesiones

que uno solo le dice

a quien cree

incapaz de traicionarlo.

Mis primas

Nunca

debieron reírse a tu lado,

ni confiarte sus secretos,

ni hablarte de sus amores rotos,

ni de las cosas que sólo se cuentan

cuando alguien ya es familia.

Mi tía

Nunca

debió abrirte su corazón.

nunca debió contarte

lo rota que estaba,

ni dejarte entrar

en esos dolores

que apenas

podía decir en voz alta.

nunca debió compartirte

su risa pegajosa,

esa que llenaba la casa

incluso en sus peores días

No merecías

su confianza

ni su cariño.

ni la forma tan humana

en que intentó quererte

Y yo…

Dios.

Yo jamás debí hacerlo.

Nunca

debiste viajar con nosotros,

reír en nuestra mesa

dormir bajo nuestro techo

como si hubieras nacido aquí,

como si la sangre

pudiera adoptarte.

Nunca

debiste subirte a la cama de mamá.

Esa cama era sagrada.

era el único lugar

donde el mundo

parecía menos cruel,

y aun así

dejaste tus huellas ahí,

como una profanación silenciosa.

Mi familia

Nunca

debió consentirte tanto

nunca debieron dejarte entrar

tan hondo,

tan dentro,

tan peligrosamente cerca

de todo lo que amo.

No debiste aparecer

en las fotos familiares

sonriendo como si pertenecieras.

Ahora cada fotografía parece un cementerio:

todos vivos,

y aun así

algo muerto en el centro.

ahora no puedo mirarlas

sin sentir que estoy viendo la escena de un asesinato

antes de que ocurra.

No debías entrar a mi casa

como si fuera tuya,

abrir la nevera,

recostarte en los muebles,

caminar descalzo por los pasillos

donde crecieron mis recuerdos.

No merecías habitar mi hogar.

porque un hogar

no es paredes

es confianza

y tú llegaste a destruirla

desde adentro,

como hacen las plagas.

Y aquel templo…

Dios mío

aquel templo.

Nunca

debiste pisar el lugar

donde descansan las cenizas

de lo más sagrado

que he amado.

no merecías estar ahí.

mo merecías

el silencio de ese lugar,

ni su paz,

ni sus muertos.

No debimos hablarte

de aquella mujer

la columna vertebral

de esta casa

la herida más sagrada

de esta familia

no debimos contarte

cómo nos destruyó su ausencia,

cómo todavía

lloramos su nombre

como si acabara

de morir ayer

No merecías

saber quién era

ni tocar con tus manos

llenas de ruina

un recuerdo tan limpio.

Hay personas

que contaminan incluso lo sagrado

solo con existir demasiado cerca.

eras una de ellas.

Ahora

todo se siente manchado por ti

la mesa donde comías

las risas

las canciones de los viajes

las conversaciones de madrugada

las paredesde mi casa

las manos de mi madre

la confianza de mi padre

mi propia memoria.

Te metiste

tan profundo en mi vida

que arrancarte de ella

ha sido como intentar sacar vidrio

enterrado en carne viva.

Todos

te quisieron

todos.

te abrieron la puerta,

te dieron un lugar,

te hicieron parte

de algo hermoso

y tú respondiste

convirtiéndote

en la desgracia que mi padre temía.

Quisiera arrancarte de esta casa

de sus paredes

de sus muebles

de las risas que dejaste regadas en los pasillos

de las fotos donde apareces

como una mancha imposible de borrar.

Quisiera sacarte del comedor,

de las madrugadas,

del eco de tu voz

todavía vivo

entre estas habitaciones.

A veces pienso

que nunca debiste conocernos.

pero hay noches más crueles

donde pienso algo peor:

que tal vez

la que nunca debió existir en tu vida

era yo.

Porque desde que entraste aquí

mi hogar

dejó de sentirse hogar

incluso para mí.

Fer

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