Me duele no ser comprendida por mi familia,
como si cada palabra mía
naciera equivocada.
Me duele no poder ser feliz,
porque incluso cuando sonrío,
alguien encuentra la forma
de romperlo.
Un lugar donde ser yo misma
pareciera ser ilegal,
donde mis formas, mis ideas,
siempre están en juicio.
Un lugar donde, aunque intente ser feliz,
estarán ellos impidiéndolo,
como si mi alegría
fuera una amenaza.
Me duele no poder dar más,
cuando ya estoy vacía,
cuando ya di todo
y aún así no alcanza.
Me piden más,
siempre más,
como si no vieran
que ya estoy al límite.
Y cuando intento defenderme,
cuando alzo la voz
para no ahogarme en silencio,
dicen que falto el respeto.
Que soy agresiva,
que exagero,
que mis palabras son ataque
aunque solo intenten ser escudo.
No entienden
que no estoy peleando,
estoy tratando de existir.
Pero en esta casa,
donde se supone que
debería sentirse como
un hogar,
defenderme es un error,
y callarme
es la única forma de paz.
Y otra vez,
cuando todo estalla,
dicen que es por mí.
Como si yo fuera la tormenta,
y no solo alguien
intentando no ahogarse en ella.
Y aquí sigo,
sosteniéndome con lo poco que queda,
en un lugar
donde ser yo misma
pareciera ser ilegal.
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