No hay defensa contra ella.
No hay ofensa para ella.
No hay sin ella.
No, ella.
Todo puede significar nada cuando no se trata de ella.
Nada se hace todo cuando lo decide ella.
Tristeza es alegría y la sangre es azul si lo quiere ella.
Ningún pensamiento lógico persiste contra ella.
Sabías que no debías seguirla.
Sabías que no debías buscarla.
Sabías que debías dejarla ser.
Sabías que acabaría en padecer.
¿Lo volverías a hacer?
¿Olvidarías si pudieras?
¿Te dejarías sentenciar?
¿Otra vez caerías?
Antes podías escapar sin mirar atrás.
Mucho más antes no conocías esta debilidad.
Otra vez caes, pero esta vez no puedes levantarte.
Rie hasta sentir tus mejillas arder por la ironía de ella.
Jamás tuviste el control, hiciste tu parte.
Ahora puedes soñar con ella.
Morirás con una sonrisa pensando en lo que te hizo.
Añoraras volver a sentir aquella mano.
Sentirás su caricia letal antes de despertar.
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